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YO COMETÍ ESE DELITO

Una comunidad en la que no se cometen crímenes no puede ser sana moralmente"

Guillermo Enrique Hudson

En un artículo en la diaria, 30/05/2017, "El extraño caso del libro de María Urruzola", Aníbal Corti vierte varios conceptos sobre la difusión que ha tenido una versión PDF de ese libro a través de Internet. Cuestiona severamente en el plano moral a quienes han hecho esa difusión y pregunta de qué van a vivir quienes escriben libros cuando este tipo de fenómeno se generalice, si desaparecerán los libros?, y otros temas relacionados.

Debo decir tres cosas. a) YO hice eso, distribuí ese libro por Internet, y lo considero un acto legítimo. b) Tratar de impedir que eso se generalice es una batalla perdida. c) Encuentro contradictorio e inconsistente lo que dice Corti.

Efectivamente, existe un derecho de propiedad intelectual que previene contra copias ilegales. También existe la corriente contraria o "copyleft", sin derecho de autor, quienes piensan que el conocimiento debe ser universal, comparten obras permitiendo la libre distribución de copias y versiones. Es una actividad perfectamente legal, la piratería no lo es y lo que yo hice es piratería. El progreso de los derechos universales requiere a veces de la acción ilegal. Este es uno de esos casos, las fotocopias ilegales de libros de estudio que de otra forma no pueden ser accesibles -a eso también se refiere Corti- es otro. La frontera de la transgresión moralmente válida de la ley es obviamente discutible, pero para eso estamos, y asumimos los riesgos.


"En el capitalismo -dice Corti-, los creadores viven de las regalías, reguladas por los derechos de propiedad que dejan las ventas de objetos concretos -libros, discos- que sirven de soporte para sus obras". Luego señala que, andando el tiempo, el desarrollo tecnológico ha cambiado eso. "Acceder a un libro o a un disco era relativamente difícil hasta hace no mucho tiempo". Ahora ya no, y esos cambios "han hecho posible que cualquiera pueda disponer de un equivalente moderno de la legendaria biblioteca de Alejandría en su computadora portátil...". Y"la forma de sostener e incentivar las actividades creativas ya no puede depender de los beneficios que la venta de ciertos bienes concretos...".

El precedente indicado, la reproducción de música, ya es historia. Napster introdujo en 2000 una forma de compartir gratuitamente copias de reproducción musical, las discográficas la llevaron a juicio, ganaron la batalla pero perdieron la guerra, por paliza. Perdieron las discográficas, no el arte. Los artistas se adaptaron al cambio y encontraron otra forma de obtener retribuciones por su arte.

Lo mismo ocurrirá con los libros. Los autores encontrarán otra forma como lo han hecho los músicos. Las editoriales tradicionales perderán. No son los autores, son los INTERMEDIARIOS, ellos han venido abusando de su condición, en desmedro de los autores y de los lectores. En Uruguay, si alguien quiere publicar un libro es frecuente que tenga que pagar de su bolsillo. Los libros en papel conservarán su lugar -de la misma forma en que también el disco ha encontrado un nuevo lugar- pero no va a ser un lugar MONOPÓLICO, y la literatura progresará con ello, será más universal, más accesible. Eso ya está ocurriendo.

Durante años estuve en la publicación de una revista en papel, que ya no existe. Es evidente que la publicación electrónica plantea nuevos problemas, tiene muchos inconvenientes en relación a la publicación en papel, y también ventajas. Lo que se gana en el cambio es MUCHO MÁS que lo que se pierde. Millones de nuevos lectores todos los días no dejan margen de duda en eso

Corti termina su nota señalando el caso de Islandia, en que el Estado paga un subsidio al creador. Plantea dudas al respecto, sobre todo en relación a los periodistas. "Si llegaran a gozar de ese tipo de subsidios, ¿tendrían el coraje de acometer investigaciones cuyos resultados fueran irritantes para los gobernantes de turno o se desempeñarían, en cambio, como dóciles amanuenses?"

?A ver un poco. Primero, hoy los periodistas tienen ese problema con los propietarios privados de los medios. Están mucho más desamparados, y en cuanto al lector ni hablar. En cuanto a lo otro, los serviles, esos no tienen remedio independientemente del contexto. Apostamos a los que tienen ese coraje. Hay uno encerrado hace siete años en el edificio de una embajada en Londres, perseguido por filtrar "propiedad" de los Estados. ?