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Desconexión, reinserción y socialismo en Cuba (I)

Fernando Martínez Heredia

Aunque estrictamente no son imprescindibles, sí son muy poquitos los que luchan toda la vida, si además lo hacen de la mejor manera

Fernando Martínez Heredia falleció el 12 de juniode 2017 en Cuba a los 78 años

En el partido hay un prejuicio contra los intelectuales -me dijo-. Pero a mí no me afecta porque yo vengo de otro lado”

Ni le pregunté de qué hablaba ni me lo dijo. Comenzó como militante clandestino del “26 de Julio” bajo la dictadura de Batista, y se formó académicamente y se recibió luego del triunfo revolucionario. Fue uno de los intelectuales más destacados del país, docente, investigador, militante siempre, un marxista de mente abierta, crítico e inquieto. Nunca ocupó cargos burocráticos. Sobre sus posiciones políticas, su forma de reconocer abiertamente los problemas de la revolución, combatir las desviaciones y pensar la estrategia y las soluciones concretas, no diremos nada. Mejor lo leen directamente en este artículo publicado, entre otros muchos lados, en Alfaguara Nro., 1994.

La primera revolución socialista autóctona que tuvo éxito en Occidente fue la cubana. Sin embargo, en 1992 Cuba se ha encontrado en una circunstancia tan compleja y difícil que muchos se interrogan si sobrevivirá su régimen, o si caerá, víctima de una coyuntura demasiado adversa o de una tendencia inexorable del mundo actual

Esta experiencia única del socialismo latinoamericano, encuentra en realidad ante tres interrogantes: la de la sobrevivencia de la Revolución, que significa sobrevivencia de su gente en niveles decorosos y sobrevivencia de la soberanía nacional y del régimen socialista; la de la viabilidad de la estructura y la estrategia económicas que se pretenden mantener y desarrollar, ante el cúmulo de dificultades y enemigos que tiene y tendrá y, en íntima relación con las anteriores, la de la naturaleza del sistema que emergerá de las transformaciones de la estructura económica en curso y de sus consecuencias sociales, de la evolución política de su proceso de rectificación socialista, de las luchas más o menos duras y largas a que sea obligado el país, de los contextos y adecuaciones internacionales.

Dos cuestiones, muchas veces mal planteadas o manipuladas, ya han sido dilucidadas por los hechos: el régimen político y social cubano no sucumbió como consecuencia de la caída estrepitosa de los regímenes europeos del llamado socialismo real; Cuba sobrevive al fin de las relaciones que ha sostenido con la Unión Soviética durante tres décadas. La naturaleza del socialismo cubano ha vuelto a hacerse clara: es un caso específico de revolución socialista latinoamericana de liberación nacional, antiimperialista y productora de cambios muy profundos y sistemáticos de la sociedad y los individuos. Su especificidad ha sido más fuerte que la enemistad norteamericana y que sus vínculos con el socialismo real. Cuba no era un satélite de la URSS, y la conseja del "subsidio" soviético no sirve para explicar las relaciones que existieron entre ambos países, y evidencia su falsedad ante la capacidad de resistencia cubana tras el fin de esas relaciones.

Trataré de sintetizar los elementos de la naturaleza del socialismo cubano que son indispensables para esta exposición. No serán ellos mi tema principal, sino los problemas actuales y las perspectivas de Cuba; pero sin aludirlos al menos, sería imposible entender nuestro presente e intentar prever nuestro futuro. Este breve texto estará centrado en la dimensión económica de la formación social; para ello se referirá también a importantes cuestiones no estrictamente económicas, lo cual no debe extrañar porque sin ellas nunca es posible entender el proceso económico de cualquier país. En este caso otra razón refuerza esa necesidad: no se trata de economía en general, sino de la economía de un país en revolución.

La alternativa entre dictadura y libertades civiles, que parecía central cuando Cuba entró en revolución, fue rápidamente superada por la de proponerse la liberación nacional y la justicia social frente a una renovación de la hegemonía capitalista neocolonial como desenlace de la lucha antidictatorial. Esos fines trascendentales fueron posibles porque las formas de dominación previas a la Revolución se deslegitimaron, y porque una nueva van-guardia política interpretó y vivió las necesidades, los anhelos y representaciones de los cubanos y los formuló de maneras viables. La guerra revolucionaria fue su instrumento, el cauce que incorporó a muchos miles de actores populares y exaltó la simpatía y la esperanza de las mayorías; fue la escuela de cuadros del futuro poder, el cemento ideológico del nuevo régimen y el origen de la necesidad de una política nueva.

La clave de la fuerza y del triunfo del nuevo poder revolucionario estuvo en enlazar entre sí la soberanía nacional, la justicia social, el imperio de la democracia y el desarrollo nacional independiente, y en convocar efectivamente al pueblo a ser el protagonista, corriendo todas las consecuencias. Las fuerzas populares movilizadas contra la dictadura querían y podían desatarse para rehacer su vida y crear un nuevo país; al reconocer a la Revolución como guía y vehículo idóneo se dio la culminación de un apretado proceso histórico de un siglo de luchas populares, y la corriente de cultura política radical de liberación se volvió dominante.

Cuba se transformó radicalmente, mediante acciones masivas organizadas, el ejercicio del poder revolucionario, la concientización general, la gran autoconfianza y el orgullo de ser cubano revolucionario, las nuevas realidades superiores a los más ambiciosos programas previos, la subversión por la práctica del límite de los pensamientos posibles. Y los individuos participantes se cambiaron a sí mismos en muchos sentidos. El régimen es hijo de victorias populares armadas y del armamento general del pueblo; de la expropiación forzada generalizada y la pérdida del respeto a la propiedad privada, sus representantes y sus símbolos; de la creación y el desarrollo de organizaciones revolucionarias muy participativas; de una inmensa movilidad social; de la promoción de los individuos por los méritos y la exaltación del trabajo y el estudio; de la legitimación sostenida del nuevo liderazgo y de la eliminación del sistema político previo y sus ideologías.

La importancia del origen revolucionario de las relaciones, instituciones y representaciones características del socialismo cubano es decisiva. La formidable redistribución sistemática de la riqueza social, la dignidad que genera no ser objeto de esa redistribución sino actor que la ejecuta, el intenso proceso educacional que ha elevado las capacidades de contingentes enormes en tan breve plazo, las formas de poder popular y los avances del ordenamiento legal, le han dado continuidad a aquel origen. Todos los anteriores operan también como factores contrarrestantes, tanto de las insuficiencias debidas al subdesarrollo y a otras desventajas provenientes de las relaciones internacionales del país, como de los errores, deformaciones, detenciones e incluso retrocesos registrados en diversos campos en el curso del proceso.

La expropiación generalizada de los empresarios nativos y extranjeros y la eliminación del poder neocolonial de los Estados Unidos sobre Cuba fueron imprescindibles en el caso cubano. Frente a la suspensión muy brusca de las relaciones económicas y la agresividad permanente de los Estados Unidos, la economía cubana contó para sobrevivir con la inmensa concentración de poder que se produjo y la decisión del pueblo, masiva y resuelta, de defender la liberación y el proyecto de desarrollo socialista. Sin esas dos realidades no habríamos sobrevivido ni podido acometer las transformaciones y las tareas formidables que hicieron funcionar a la economía sobre nuevas bases de relaciones, de objetivos y de actores,  con un cambio tan profundo de la orientación de sus relaciones internacionales. Sin ellas hubiera sido imposible proyectar y realizar - como se ha hecho en grados muy notables- estrategias de desarrollo económico efectivamente nacionales y dirigidas al bienestar de la población.

Aspectos favorables de la coyuntura internacional implicaron a la Revolución Cubana. El apogeo de la ola anticolonialista, las autoidentificaciones del Tercer Mundo, el rechazo múltiple que recibían las torpezas, abusos y salvajadas neocoloniales del capitalismo transnacional adolescente, fueron el ambiente propicio para un proyecto que estaba obligado a trascender el ámbito nacional. América Latina es la región natural y cultural de pertenencia de Cuba, y ha sido campo privilegiado de sus actuaciones, pensamientos, gestiones y sentimientos, tema que no puedo abordar aquí. El internacionalismo consecuente es uno de los aspectos fundamentales de la experiencia cubana, que ha ampliado y fortalecido su cultura socialista mucho más allá de lo alcanzable en una perspectiva restringida a lo nacional.

La salida de las marinas mercante y de guerra soviética a los mares del mundo, el gobierno Kruschev - quizás el último que incluyó consideraciones ideológicas revolucionarias y audacia en aquel país- y los intereses y rivalidad del tiempo de la Guerra Fría, configuraron una situación favorable a la Revolución Cubana. Por primera vez en nuestra historia la relación exterior principal provino de intereses y necesidades de Cuba, y no de la imposición extranjera. Armas e intercambios económicos se acompañaron ahora de soberanía, amistad política y afinidades ideológicas.

La formación nacional cubana obtuvo, precisamente en el momento de su liberación, el inicio de una etapa de relativa "desconexión" del sistema del capitalismo mundial, al relacionarse en Europa Oriental con un espacio diferente a ese sistema. La alianza de treinta años con la URSS tuvo un valor general inestimable para Cuba en su enfrentamiento moral y permanente con el imperialismo norteamericano. También le permitió atenuar los efectos tan negativos que tiene para cada país subdesarrollado su inserción en el sistema capitalista mundial, y mitigar las consecuencias, muchas veces perjudiciales, que las acciones económicas de los países desarrollados traen a los subdesarrollados.

Liberada y excluida a la vez. Cuba aumentó de manera excepcional su capacidad de decidir sobre su propia economía. Así ha sido en cuanto a que ella tenga como objetivo inalienable el bienestar popular, y a que esté en función del proyecto socialista nacional.

Se han podido elaborar estrategias nacionales de desarrollo, aunque muy condicionadas por los grados de subdesarrollo existentes en los diversos momentos, y por la vulnerabilidad de la economía cubana ante las estructuras y las prácticas del capitalismo mundial y ante las opciones y limitaciones impuestas por las relaciones de Cuba con la URSS. Se han conseguido programas económicos y ciertos niveles de planificación, con avances en la integración de los sectores de la economía y el grado y calidad de la industrialización.

Hacia inicios de la década de los setenta, a Cuba se le tomó imposible sostener una posición suficientemente autónoma en sus relaciones económicas internacionales y su estrategia de desarrollo; sus relaciones con la URSS se volvieron entonces mayores y más profundas. Cuba ingresó en el CAME (1972) y sujetó su vida económica y sus proyectos de desarrollo a esa asociación. La férrea necesidad rigió esa elección, pero ella obligó a Cuba a adoptar un modelo que perspectivamente cerraba puertas a un desarrollo económico armónico, autónomo y sostenido. La práctica y la ideología económicas fueron influidas cada vez más por el llamado socialismo real, lo que afectó negativamente a la dirección económica, la eficiencia de los actores, el papel de la actividad económica en las transformaciones socialistas de los individuos, de las instituciones y la sociedad en su conjunto, y al proyecto socialista nacional.

Es general el reconocimiento que hacen hoy las fuentes más diversas de los avances trascendentales logrados por Cuba desde 1959, en las diversas condiciones del período y a partir de esfuerzos extraordinarios y sistemáticos. Paso a mencionar resultados, características. Dificultades e insuficiencias del desempeño económico cubano. Ellos constituyen una riquísima y singular experiencia de puesta en práctica de políticas liberadoras y de desarrollo desde un poder popular en América Latina, durante un tiempo prolongado.

Una revolución agraria transformó radicalmente el teatro de mayor explotación del trabajo y mayor concentración de miseria del país. Ella triplicó el número de pequeños propietarios, liquidó el latifundio y todo el sistema capitalista neocolonial que regía en el campo, elevó al 80% el total de la tierra en empresas estatales y garantizó al campesino contra toda colectivización forzosa. El área agrícola se duplicó, y se produjo una revolución en regadío, mecanización, fertilización, humanización del trabajo y capacitación de la fuerza laboral, calidad de la vida en el campo y relaciones del sector agropecuario con la economía nacional. El país volcó sus recursos humanos y materiales a esa transformación: la población rural se organizó y participó de manera decisiva en todo este proceso.

La industria azucarera, eje de la economía exportadora desde hace doscientos años, aumentó un 40% su producción promedio 1981-89 comparada con 1951-59, pero hizo ahora sus zafras con sólo el 20% de obreros agrícolas, y llegó a un 74% del corte y un 100% del alza de cañas mecanizado. Fue necesario rehabilitar, ampliar y modernizar las viejas fábricas, crear una industria mecánica azucarera, resolver complejos problemas químicos, inventar y producir cortadoras de caña, dedicarle la mitad de la tierra arada de Cuba a ese cultivo, formar una multitud de técnicos y cuadros, etc.; inversiones enormes de recursos se hicieron para conseguir esos logros. Hoy se proyectan y se fabrican centrales con más del 60% de componentes nacionales; 60 fábricas de derivados producen torula, alcohol, tableros de bagazo, y 200 plantas producen tres millones de toneladas de alimento animal por zafra. El bagazo es eficaz como combustible de la fábrica.

El desarrollo de la producción de cítricos hasta alrededor de un millón de toneladas anuales es un logro muy importante de la Revolución, articulado con el sistema de estudio-trabajo masivo de los adolescentes desde hace veinte años. Otras ramas, como los casos de la industria mecánica, el cemento y los textiles, se han desarrollado mucho. Se ha creado una infraestructura muy notable. Entre 1959 y 1987 la inversión estatal bruta sumó 58.635 millones de pesos, un 13,9% del producto social global; los gastos por seguridad social, educación y salud entre 1959 y 1988 sumaron 49.527 millones. La economía creció, a precios constantes de 1965, al 4.3% promedio anual en 1959-88; la productividad bruta del trabajo en 1960-88, al 2,6%. El PIB per cápita creció al 3,1% anual entre 1960-85, mientras que para el resto de América Latina el promedio anual del período fue de 1,8%. La distribución del ingreso cambió radicalmente: el 30% más pobre pasó del 4,8% del ingreso en 1953 al 18,5% en 1986; el 5% con ingresos más altos pasó del 26.5% en 1953 al 10,1% en 1986.

La nueva relación entre la economía y la sociedad se afirmó y desarrolló, caracterizada por pleno empleo y por ingresos reales altos, asignación sistemática de amplios recursos para el desarrollo social, participación y consenso de la población en las actividades y políticas económicas, y relación permanente de éstas con las necesidades sociales. La opción socialista implica un modo de ser en la economía que es irreductible a la racionalidad y las exigencias de la economía del capitalismo.

Motivaciones, mediaciones, asignaciones de recursos, la lógica misma, registran transformaciones, transiciones, contradicciones. El sentido general, en el caso cubano, ha sido que la economía forme parte y se inscriba en la lucha de la sociedad por un proceso de cambio cultural total que vaya creando un campo diferente y opuesto a la manera de vivir del capitalismo, que éste no pueda reabsorber, en el que predominen los vínculos de solidaridad y la dirección de los procesos sociales por parte de la mayoría.

En el breve lapso de una generación se han producido cambios trascendentales en la preparación de las personas, absorbidos sobre todo por los jóvenes (el 55% de la población tiene menos de 30 años). En los últimos quince años se avanzó de la escolarización masiva al predominio del nivel secundario y superior en las matrículas, y creció raudamente la escolaridad promedio de los trabajadores; más de la mitad de los técnicos y profesionales son ya jóvenes. Muchos retos están implícitos en esas cifras y en otras realidades de su formación, pero es obvio que son un potencial invaluable para transformaciones cualitativas desde la economía. En un aspecto crucial, la investigación científica y su aplicación técnica. Cuba ha realizado un esfuerzo tenaz y ambicioso que ya está dando frutos que la colocan entre los países desarrollados en ese campo; los jóvenes serán decisivos para el éxito de esos programas.

Frente a todo lo anterior, hoy vemos más claramente lo que no se ha podido conseguir, y los errores. La agricultura no dejó de ser extensiva todavía; la caña compensa sus rendimientos insuficientes tomando demasiadas tierras. La alimentación es el talón de Aquiles de una ganadería vacuna satisfactoria en otros aspectos; la masa es hoy menor que hace 24 años. La autosuficiencia alimentaria, estrategia temprana de la mayoría de los países desarrollados actuales y requisito indispensable para Cuba, fue abandonada como meta durante demasiado tiempo. El mimetismo nos llevó a asumir lo que fue una necesidad - entrar al CAME en 1972- como las esperadas ventajas de una supuesta "división internacional socialista del trabajo", cuando ésta nos impelía a especializamos en vender más azúcar, más níquel que contiene cobalto, más cítricos, para comprar alimentos, materias primas y los necesarios combustibles y equipos.

No ha sido posible aprovechar mejor una de las primeras reservas de hierro y de níquel del mundo, separar el cobalto, beneficiar el níquel, crear un complejo siderúrgico. No hemos contado con recursos para explotar el potencial petrolero nacional; con gran esfuerzo logramos una producción modesta desde hace unos años. Tampoco producimos motores eléctricos, apenas comenzamos con los automotrices. Son muy recientes las producciones notables en algunos derivados de la caña y subproductos de la industria azucarera, pese a que desde hace décadas tenemos grandes avances en la investigación de derivados. Es insuficiente la relación de la planta industrial cubana con los demás sectores de la economía. Los escasos avances en la sustitución de importaciones han pesado contra nuestra balanza comercial. El dispendio de combustibles fue consecuencia de las características de ineficiencia de las tecnologías y los vehículos que pudimos adquirir, y pésima escuela de relación con las máquinas para obreros y técnicos noveles.

Mientras nos han faltado tecnología y otros medios para establecer industrias a partir de materias primas nacionales, numerosas industrias cubanas dependen de materias primas importadas.

La necesidad de exportar más a áreas de moneda convertible, para atenuar o resolver parle de los problemas nacionales, no fue satisfecha; Cuba llegó a descender en un 25% en la parte de su azúcar exportada al mercado libre en 1975-85. El déficit de la balanza comercial creció sensiblemente desde 1984.

El deterioro de los términos de intercambio con países del CAME se tomó importante en los primeros años ochenta, y se agravó desde 1986. El bajo rendimiento de los fondos básicos y la tendencia al débil crecimiento de la productividad del trabajo completaban la evidencia de las grandes limitaciones que tenía el modelo vigente, de crecimiento extensivo, bajos rendimientos e intercambios externos distorsionantes. Pero factores de crisis en las finanzas externas a mediados de los ochenta, y sobre todo la dinámica política, llevaron al país a un viraje de consecuencias trascendentales.

El proceso político de rectificación de errores y tendencias negativas, iniciado en 1986, se propuso combatir y erradicar las deformaciones de la transición socialista provenientes de la amplia penetración de instituciones, influencia e ideas del llamado socialismo real, sucedida durante los quince años precedentes, pero no sólo eso. La rectificación consistió también en el intento de enfrentar con métodos y soluciones socialistas los problemas de la coyuntura adversa, a la vez que revisar a fondo la estrategia, las valoraciones y las creencias acerca de la estructura y funcionamiento de la economía y del sistema en su conjunto.

El significado de esta lucha por profundizar el socialismo está dado por su modo de actuar: convocar a la actividad del pueblo organizado en defensa de sus intereses y de su proyecto. Sintetizo las características principales de la rectificación, atendiendo a sus definiciones públicas:

--- ser un proceso prolongado de movilizaciones, persuasión, educación y reeducación, y no una solución providencial, administrativa o represiva. Esto implicaba reconocer el enraizamiento relativo de las deformaciones ideológicas y de los intereses creados; y defender: determinados métodos y negarse a utilizar otros, como condición sin la cual nunca se producirán los cambios sociales e individuales socialistas;

–-- apelar a los valores creados por la Revolución, y a su proyecto de solidaridad tan diferente al socialismo real, valores y proyectos que matizan las expectativas personales y unifican a los diversos grupos sociales;

--- mantener la política de que el régimen socialista es un puesto de mando sobre la economía. No liberalizar las instituciones económicas, sino ejercer control estatal y popular sobre ellas. Utilizar a la política socialista como única alternativa práctica capaz de reconocer y enfrentar las coyunturas más difíciles y sacar adelante a la economía cubana. Demostrar la falsedad de la antinomia entre socialismo y eficiencia;

--- renovar y continuar la obra de la liberación nacional, por medio de: fortalecer la base popular de la unión nacional, salvaguardar las conquistas sociales del pueblo, abandonar la copia parcial del socialismo real y pensar con cabeza propia los problemas, recuperar el proyecto original de la Revolución y la fuerza e identidad del socialismo cubano, convocar a todos a expresarse y obrar, propiciar más unidad y cohesión en defensa del sistema y de la independencia nacional frente a los Estados Unidos;

--- proclamar como objetivo la democratización socialista y luchar por ella, defender el crecimiento sostenido y sistemático de la participación masiva de la población en el conocimiento, en los controles y en las decisiones en todos los ámbitos de la sociedad.

Una gran ola de reanimación de las ideas y de enriquecimiento de la política socialista se produjo, precisamente antes del estallido y la caída del sistema europeo oriental. El rechazo a las combinaciones de burocratismo, mercantilismo y tecnocratismo que rigieron en nombre de la ideología "socialista" de procedencia soviética, preparó la conciencia más reciente de que la lucha es doble y simultánea: contra el socialismo burocratizado que promueve grupos privilegiados posrevolucionarios, autoritarismo, clientelismo, dogmatismo y desinterés, desmoralización y rechazo de las mayorías; contra el socialismo mercantilizado que juega a ir ampliando instituciones e ideología capitalistas desde el poder hasta que la imposición de las reglas capitalistas, el lucro y la ambición desmantelan el régimen

Las tensiones entre el deber ser de la rectificación expresado en la relación precedente, y la política práctica y los comportamientos, intereses, ideas y percepciones tan diversos de los actores reales, configuran el contenido del período 1986-89, con sus avances, detenciones y complicaciones del proceso

La caída repentina, escandalosa y sin honra del socialismo europeo, con el descrédito consecuente para las ideas y experiencias socialistas en todo el mundo, ha tenido también consecuencias muy perjudiciales para Cuba. El súbito final de la bipolaridad y unos Estados Unidos victoriosos y necesitados de predominio mundial ponen en grave riesgo la seguridad de Cuba. Amenaza recrudecerse la política de violencia sistemática que es el bloqueo económico que ya dura 30 años, una clara negativa a admitir la soberanía y la autodeterminación de los Estados más débiles si no actúan como exijan los Estados Unidos. Se trata de aislar a Cuba,  debilitarla en su capacidad económica hasta la asfixia gradual, deteriorar su vida social cada vez más, alentar de todas las formas posibles el descontento, el derrotismo y la desmoralización. Que la propaganda y los estereotipos que se difunden sobre Cuba sean consumidos y repelidos hasta tomarlos de sentido común, combinado con el aislamiento, las penurias, el deterioro de la capacidad de resistencia y de la voluntad de resistir, son los procedimientos y los pasos por los cuales se consuma hoy la agresión a la experiencia cubana.

Continuará se publica en dos partes