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A 100 AÑOS DE LA CONTRARREVOLUCIÓN RUSA

COLECTIVO FANY KAPLAN

Mi nombre es Fany Kaplán. Hoy disparé a Lenin. Lo hice con mis propios medios. No diré quién me proporcionó la pistola. No daré ningún detalle. Tomé la decisión de matar a Lenin hace ya mucho tiempo. Lo considero un traidor a la Revolución.

Fany

Hemos formado un pequeño colectivo de compañeras y compañeros de diferentes latitudes para hacer conocer lo que consideramos el elemento más importante del siglo XX: la liquidación de la revolución social en Rusia y la expansión mundial de la contrarrevolución leninista. El objetivo es buscar y dar a conocer documentos históricos (publicarlos, difundirlos…), tomando posición sobre ellos. Al mismo tiempo, que difundiremos lo que nos parezca más interesante, promoveremos la discusión de esos materiales, para contribuir al balance de la contrarrevolución rusa y mundial.

Nuestro colectivo está abierto al cuestionamiento y a la crítica, a la discusión y al diálogo, porque se trata de combatir el mayor dogma del siglo XX: que la contrarrevolución bolchevique haya pasado a la historia como “revolución socialista”. Llamamos a aportar documentos, a comentarlos, a introducirlos, a difundirlos, a desenterrar la verdad de la contrarrevolución leninista internacional.

La contrarrevolución ha hecho que todo lo que sea verdad, sobre ella misma (la dictadura leninista) haya sido censurado, prohibido, deformado, quemado…Por eso el tema de la denuncia, la reproducción y documentos sobre lo que pasó en esos tiempos sea de tan difícil acceso..., a veces los testimonios solo llegaron a Occidente habiendo resistido a mil requisas y persecuciones y en muchos casos nunca fueron conocidos, traducidos, difundidos…

Elegimos el nombre de Fany Kaplán (Fanni Yefímovna Kaplán (en ruso, ????? ???????? ??????; 1887) en recuerdo de todos aquellos que dieron su vida por la revolución social. Fany (también llamada Dora, Fania, Fanni) simboliza la lucha contra la tiranía bolchevique, contra la tiranía capitalista y por la revolución social.

Con la apertura parcial de los archivos históricos se sabe que la tentativa de ejecutar a Lenin, el gran traidor, fue un atentado colectivo y que tal vez Fany no haya sido decisiva en los disparos que fueron, el principio del fin, de la vida del principal dirigente del terrorismo de Estado ruso. ¿O será otra manipulación más del poder para negar los héroes que el proletariado ha levantado como bandera, hasta adentro de los propios campos de concentración?

Independientemente de toda manipulación, lo que nadie puede negar, es que ese acto, expresa el odio profundo del proletariado contra todos los traidores de la revolución social en Rusia y que el nombre de Fany, por más barro que le tiraron encima, siguió y sigue expresando esa revuelta del proletariado contra el poder reencarnado en los nuevos zares rusos: Lenin, Trotsky, Zinoviev… Era la continuidad revolucionaria de aquellos héroes que habían liquidado al Zar Alejandro II.

Pero además Fanny, y sus compañeros más próximos, no fueron reivindicados formalmente por ningún partido o estructura formal, justamente porque habiendo militado en diversas estructuras anarquistas, comunistas, socialistas revolucionarios, maximalistas… y habiéndose impuesto tanto confusionismo sobre dichos militantes, expresan al proletariado mismo, el proletariado a secas, que en realidad nunca había podido organizarse en una sola fuerza histórica, y que en la práctica tuvo decenas de estructuras sin lograr forjarse como potencia unificada. En la derrota generalizada, en la muerte, la tortura, la desaparición y el encierro en los campos el proletariado fue justamente todo menos una sola fuerza organizada, y también en eso, Fanny expresa, desde su confesión de haber disparado contra el traidor, hasta en su último suspiro de vida ante sus torturadores, esa tragedia histórica del proletariado y la revolución misma sucumbiendo frente a la opresión capitalista. Ese es el nombre de nuestro pequeño grupo, porque la revolución social que queremos y por la que luchamos, arranca necesariamente de nuestra incuestionable derrota histórica como proletarios frente al poder de la tiranía capitalista bolchevique.

LA CONTRARREVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE y EL CONFUSIONISMO IDEOLÓGICO

A 100 años de los acontecimientos decisivos, nuestra idea es reproducir artículos históricos, poco conocidos, que denuncian todos los aspectos de la contrarrevolución bolchevique, independientemente de que estemos de acuerdo o no con quienes escriben dichos artículos, porque justamente, una de las debilidades de quienes denunciaban a la contrarrevolución, fue el confusionismo ideológico generalizado que la propia derrota produjo.

No debe olvidarse que el terrorismo de los bolcheviques, contra toda expresión de lucha humana, de resistencia al capital, triunfó. Si, quienes ganaron fueron los contrarrevolucionarios leninistas, fueron también ellos que actuaron unificada y coherentemente frente a un proletariado quebrado, masacrado, destruido, encerrado, sometido a la esclavitud…, que ni siquiera sabía en una parte, lo que gritaba en otro parte, cuando era sometido a la tortura.

Visto con perspectiva mundial, la apropiación del poder por parte de los socialdemócratas bolcheviques, fue una enorme victoria del capitalismo internacional que aplastó la revolución social en Rusia y que se expandió al mundo entero. Poco después (a la excepción de China y luego España, que resistieron algún tiempo más) la contrarrevolución se mundializó por completo hasta la desaparición total del proletariado como clase de la escena mundial: poquísima vida autónoma, ausencia de organizaciones, de prensa internacionalista, de asociaciones de proletarios revolucionarios…, desaparición efectiva del movimiento comunista internacionalista (incluyendo claro está quienes se dicen “anarquistas”). Gracias al leninismo, el capitalismo se impuso como el único mundo posible, con sus diferentes potencias imperialistas como “modelos alternativos”, incluyendo claro está a Rusia misma, con las banderitas “comunistas” y sus campos de trabajo forzado y de domesticación capitalista del proletariado. En lo que se declaraba “país socialista”, la esclavitud de proletariado en beneficio de las mayores empresas multinacionales, capitalistas e imperialistas del mundo llegaba a niveles extremos de degradación humana.

Un siglo después, si fuésemos a publicar, solo los textos de quienes daban una perspectiva revolucionaria en pleno desbande, derrota, desmoralización, destrucción…; o exigiéramos coherencia de toda la vida…no tendríamos ningún texto, o solo algunos extractos sueltos y llegaríamos a la conclusión (que en el fondo es la de la historia oficial) que la gran mayoría de las críticas están también sometidas a la ideología dominante y no habría nada que dar a conocer.

Sin dudas uno de los grandes problemas de la crítica a los bolcheviques y en general a la contrarrevolución rusa, es la poca autonomía proletaria de la lucha contra la represión estatal.  Es verdad que muchas expresiones de la denuncia al terrorismo de Estado bolchevique, muchos críticos del leninismo, se sometieron o colaboraron con democracia y con la burguesía de oposición. Hay muy pocas oposiciones que critican el leninismo por su defensa del capital. La gran mayoría de las críticas se reducen a denunciar el carácter dictatorial de los leninistas, su falta de principios humanos y su defensa sin principios de su propio poder personal y personalista (culto a la personalidad) contraponiendo la libertad de pensamiento o en general la democracia. Dicha crítica fue así sometiéndose e identificándose con la crítica burguesa, con la crítica demócrata, con la crítica que siempre había hecho la socialdemocracia de derecha y en general del sindicalismo (libertario y antiautoritario). En realidad, dicha crítica es exactamente la misma que la que realizaban, frente a su hermano descarriado (los bolcheviques), la vieja y putrefacta socialdemocracia internacional.

En los hechos este tipo de crítica ha favorecido a la misma contrarrevolución, que pretende denunciar, porque la misma se la asocia, con razón con una defensa de la democracia y del capitalismo en general. Justamente eso es lo que más expresa que el proletariado ha sido derrotado y, salvo los poquísimos testimonios directos de combatientes proletarios, es incapaz hasta de denunciar de forma adecuada y proletaria, la contrarrevolución capitalista bolchevique.

Programáticamente, esa crítica es típica de la ideología anarquista burguesa, que unifica lo “libertario” con la democracia. La misma se limita a criticar a los bolcheviques por lo autoritario, lo dictatorial, por la obsesión de la dictadura y el poder, sin denunciar en absoluto que, en todo eso, los bolcheviques son agentes conscientes del desarrollo del capital. O dicho de otra forma que los bolcheviques son autoritarios, dictatoriales…, porque justamente actúan objetivamente como agentes del capital, porque constituyen una fracción hermana del despotismo capitalista zarista.  El anarquismo burgués (por oposición al anarquismo revolucionario, es decir comunista) se queda en las alturas de la ideología, la voluntad y la política, sin entender el ABC de las determinaciones sociales del capital, que justamente constituyen la clave de la contrarrevolución bolchevique

El problema no es que Lenin fuera un dictador en sí, sino que era un dictador capitalista. El problema no es que ejerciera la dictadura del proletariado contra la dictadura del valor, de la mercancía y el trabajo asalariado[1], sino precisamente que bajo pretexto de la “dictadura del proletariado”, como lo señalaron algunos compañeros en su época. El partido bolchevique impuso y desarrolló una dictadura CONTRA el proletariado y fundamentalmente contra la revolución y toda expresión revolucionaria

Además, es absolutamente cierto que, así como los bolcheviques fueron apoyados desde el origen por fracciones capitalistas e imperialistas alemanas, norteamericanas…, otras fracciones del capital mundial se regocijaban de las críticas sindicalistas y “obreras” que no oponían otra cosa que la Democracia como alternativa. En ese sentido todo testimonio puede ser utilizado siempre por otra expresión imperialista de la contrarrevolución. Si bien esto invalida las conclusiones de esos medios libertarios y democráticos y la política burguesa de esas corrientes, no invalida en absoluto, los testimonios mismos, los relatos concretos de quienes estuvieron en Rusia en esa época y vieron con sus propios ojos o sufrieron en su carne el terrorismo de Estado leninista.

Fueron los inquisidores bolcheviques quienes descalificaban a todos los que veían algo de lo que pasaban en Rusia y lo reproducían, acusándolos, invariablemente, de agentes del imperialismo y de la burguesía enemiga. En realidad, nunca pudieron probar que esos testimonios eran falsos, pero los censuraron, prohibieron, excluyeron, los arrinconaron…en base a esa inducción tramposa. Fue así que liquidaron la verdad sobre lo que pasaba en Rusia, porque sin duda y salvo excepciones, los protagonistas proletarios testigos del horror, fueron en su inmensa mayoría eliminados por el terrorismo de Estado bolchevique. Ese es un método invariante del totalitarismo represivo para esconder la verdad: la descalificación sistemática del testigo

Con ese método el ocultamiento fue tan gigantesco que hasta la generalización de los campos de concentración leninistas, fueron borraron de la historia. ¿Cómo se pudo haber llegado a ocultar mundialmente lo que constituía la base fundamental de todo el sistema productivo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas?  Precisamente porque todos los testimonios fueron invalidados. Incluso los pocos testimonios que lograban “contar el cuento” y llegaban a Europa Occidental, América o Asia no lo podían contar. Su propia palabra era invalidada por el anatema leninista de “servir al enemigo”…, y sea quien sea, el que contaba era atacado (por los Partidos “comunistas”, por los trotskistas, o las diversas capillas y cuerpos represivos estalinistas), denunciado, calumniado. Fue por eso, que la gran mayoría de testimonios no fueron conocidos, nunca circularon.  Lo que pasaba en Rusia fue ocultado durante 20, 30, 50, 60…; y en realidad, a 100 años del famoso “octubre 1917” en que se empezó a imponer la contrarrevolución rusa, todavía no se conoce gran cosa sobre la imponente dictadura burguesa de los bolcheviques

Durante estos casi 100 años, en que el poder bolchevique comenzó a reprimir al proletariado revolucionario y a llenar de nuevo las cárceles que la ola revolucionaria había vaciado, ese manto de silencio y ocultamiento fue casi exclusivamente quebrado por militantes revolucionarios e internacionalistas que nunca habían hecho confianza a la socialdemocracia bolchevique. Por eso mismo los textos que denunciaban las torturas de la Cheka y los asesinatos de los revolucionarios, escritos en general por anarquistas, maximalistas, comunistas, socialistas revolucionarios…, solo circularon poquísimo gracias a las modestísimas casas editoras de los puñados de militantes revolucionarios que subsistieron ante la terrible ola revolucionaria mundial, en algunos recónditos lugares

Evidentemente que estos testimonios son de muchísima más confianza, no en cuanto a los hechos en sí, sino al significado social de los mismos, como terrorismo estatal capitalista y se denuncian así. Ello sucede por ejemplo con los textos de nuestros mejores compañeros como Spiridonova, Schreider, Steinberg, Makno, Archinov, Rhule, Apple, Lladó, Ciliga, Gorrelik,…y, aunque un poco menos, con personajes como Emma Goldman, Berkman,… porque fueron encandilados por la religión bolchevique durante un primer período y llegaron a escribir vergonzosas apologías antes de descubrir la verdad.  Pero también ellos fueron acusados por el leninismo (estalinista, zinovievista y trotskista) de servir “a la reacción”…, de ser “pequeño burgueses” al servicio de la oposición democrática, lo que evidentemente no hay ninguna duda de que era una total falsificación

En el caso de otros testimonios como el de Pestaña, Gastón Leval, Víctor Serge,Solyenitzin o algunos trotskistas que no fueron más que opositores retardados…o tantos otros con ideas variadas, los verificaremos y contrastaremos mejor con los elementos históricos que disponemos o con otros testimonios para verificar su validez…La discusión compañera también nos ayudará a ver más claro y distinguir la validez de los mismos. Sin embargo, en casi todos estos casos, ya hemos ido verificando su validez por todos esos métodos e independientemente de la ideología tan confusa de muchos de sus protagonistas…, hemos constatado, una vez más, que las formas ideológicas dominantes constituyen evidentemente un “lente” deformado de la realidad, pero esas deformaciones pesan mucho menos cuando se relatan hechos vividos por el protagonista. Es por eso que en estos casos le damos una importancia mucho menor al pensamiento de estos autores tendiendo siempre a reproducir los hechos contados por los mismos.

Tomemos por ejemplo el caso de Ángel Pestaña, que no es un personaje que nos resulta simpático por sus posiciones sindicalistas y en general socialdemócratas “libertarias”. A pesar de ello su testimonio sobre Rusia “70 días en Rusia, LO QUE YO VI” nos parece incuestionable y entra como una pieza más del rompecabezas coincidiendo en su totalidad con otros testigos que “ven” exactamente la mismísima realidad con otros testimonios de su época. Por otra parte deja pegado a uno de sus supuestos colegas, Andrés Nin, que en realidad se vendió a los milicos rusos desde su llegada a Moscú y no dejó de trabajar para el criminal Estado ruso durante toda su estadía, Eso mismo está mostrando que absolutamente todo lo que emanaba de los aparatos oficiales desde el primer día “leninista” es una mentira apologética de una espantosa realidad social y represiva: más miseria, más opresión, más burocratismo y autoritarismo del capital por todas partes. Más aún el conjunto de testimonios que por separado se ocuparon en descalificar desde el poder, es un todo coherente que la propaganda capitalista internacional de la época no logró aplastar lo suficiente y que desde el principio fue difundido, con enormes dificultades y en muy pequeña escala, por comunistas de izquierda, anarcocomunistas, anarquistas y otras minorías revolucionarias en Europa, América, Asia…En muchos casos dichos testimonios dejan chicos, en cuanto al horror y opresión capitalista, a cada historia particular que llegaba afuera de ese gran campo de concentración de la “mentira desconcertante” que Antón Ciliga describiría unos años después. La coincidencia de desesperados testimonios ante la siniestra realidad permitía, en todos los casos vividos, tener la total certitud de que nunca hubo una “intencionalidad socialista” o algo parecido. Justamente lo que los contrarrevolucionarios leninistas hoy, ante las brutales evidencias de lo que se fue conociendo en las últimas décadas, todavía pretenden salvar: “es verdad que nunca se construyó el socialismo, es verdad que ni siquiera hubo “medidas socialistas”, en fin es verdad que el leninismo era un proyecto de desarrollo del capitalismo…pero el partido bolchevique era un partido a intención (sic) socialista indiscutible”

Bueno eso, incluso eso, es MENTIRA: el bolchevismo reprimió desde el primer día cualquier intento de cambio socialista

 

ARCHINOV/MAKNO

 

Empezaremos esta publicación de documentos con artículos de Archinov y Makno en donde se refieren al significado global de octubre 1917, la revolución en Rusia/Ucrania, la contrarrevolución bolchevique…  Eso nos permitirá afinar criterios para la publicación de personajes más lejanos de nuestras posiciones.

Además, esos materiales son en sí presentaciones y toma de posiciones explícitas y coherentes. Como tales no requieren ser presentados y solo haremos algún comentario, introduciendo el tema de las evaluaciones y discusiones sobre el significado de la revolución y la contrarrevolución rusa.

COLECTIVO FANY KAPLAN

Los dos Octubres

Piotr Archinov

 

La revolución, obrera y campesina, victoriosa de 1917 quedó legalmente establecida en la agenda bolchevique como la Revolución de Octubre. Hay una sana verdad en esto, pero no resulta enteramente exacto. En octubre de 1917 los obreros y campesinos de Rusia superaron un obstáculo colosal para el desarrollo de la revolución. Abolieron el poder nominal de la clase capitalista, pero antes de aquello alcanzaron algo de igual importancia revolucionaria o quizás algo aún más fundamental. Al tomar el poder económico de la clase capitalista y la tierra de manos de los terratenientes en el campo, ellos conquistaron el derecho al trabajo libre y sin supervisores en las ciudades, sino el control total de las industrias. Consecuentemente, fue antes de Octubre que los trabajadores revolucionarios destruyeron las bases del capitalismo. Todo lo que quedó fue la superestructura. De no haber habido esta expropiación general a los capitalistas por parte de los obreros, la destrucción de la máquina estatal burguesa -la revolución política - no habría triunfado de ninguna manera. La resistencia de los propietarios habría sido mucho más poderosa. Por otra parte, los objetivos de la Revolución Social de Octubre no se limitaban a terminar con el poder capitalista. Los obreros habían experimentado un largo período de desarrollo práctico de carácter autogestionario, el cual se malogrará en los años venideros.

Por tanto, al considerar como un todo a la evolución de la Revolución Socialista rusa, Octubre aparece sólo como una fase -aunque como una fase decisiva y poderosa, por cierto. Por esto es que Octubre no representa en sí, por completo, a la revolución social. Al pensar en los victoriosos días de Octubre, uno debe considerar esa circunstancia histórica como determinada por la Revolución Social rusa.

Otra peculiaridad, no menos importante, es que Octubre tiene dos significados -aquel que le fue dado por las masas trabajadoras que participaron en la Revolución Social, y con ellos, por los comunistas-anárquicos, y el que le fue dado por el partido político que captó el poder de esta aspiración a la Revolución Social, y el cual traicionó y sofocó todo posterior desarrollo. Una enorme distancia existe entre estas dos interpretaciones de Octubre. El Octubre de los obreros y de los campesinos es la supresión del poder de las clases parásitas en nombre de la igualdad y la autogestión. El Octubre de los Bolcheviques es la conquista del poder por el partido de la intelingentsia revolucionaria, la instauración de su “Estado Socialista” y de su método “socialista” de gobernar a las masas.

EL OCTUBRE OBRERO

La Revolución de Febrero sorprendió a los diferentes partidos revolucionarios en completa confusión y, sin dudas, se vieron considerablemente sorprendidos por el profundo carácter social de la naciente revolución. Primero, nadie salvo los anarquistas, querían creerlo. El Partido Bolchevique, el cual siempre decía expresar la aspiración más radical de la clase obrera, no pudo ir más allá en sus fines de los límites de una revolución burguesa. Fue sólo en la conferencia de Abril que se preguntaron qué estaba realmente pasando en Rusia. Si era sólo el derrocamiento del zarismo, o era que la revolución iba más allá -¿tan lejos como el derrocamiento del capitalismo? Lo último, planteó eventualmente a los bolcheviques la cuestión de las tácticas a seguir. Lenin tomó conciencia antes que los otros bolcheviques del carácter social de la revolución y enfatizó la necesidad de conquistar el poder. Vio un avance decisivo en el movimiento obrero y campesino que estaba socavando más y más las bases de la burguesía industrial y rural. Un acuerdo unánime sobre estas cuestiones no podía ser alcanzado, ni siquiera hacia los días de Octubre. Todo el tiempo, el partido maniobró entre las consignas sociales de las masas y la concepción de una revolución social-demócrata, que es de donde venían y donde se desarrollaron. Sin oponerse a las consignas de la pequeña y gran burguesía, por una Asamblea Constituyente, el partido hizo lo mejor por controlar a las masas, pretendiendo mantener el paso con ellas, el cual era cada vez de un tranco más largo.

Durante este tiempo, los obreros marcharon impetuosamente hacia adelante, arrojando implacablemente al suelo a sus enemigos a la derecha o a la izquierda. Los grandes terratenientes rurales comenzaron a evacuar el campo, huyendo del campesinado insurgente y buscando la protección de sus posesiones y de su gente en las ciudades. Mientras tanto, el campesinado procedía a una redistribución directa del suelo y no quería oír de convivencia pacífica con los terratenientes. En las ciudades, por su parte, un repentino cambio tuvo lugar entre los obreros y los empresarios. Gracias a los esfuerzos del genio colectivo de las masas, los Comités Obreros surgían en cada industria, interviniendo directamente sobre la producción, ignorando las advertencias de los propietarios y concentrándose en eliminarlos de la producción. De este modo, en diferentes lugares del país, los obreros lograron la colectivización de la industria.

Simultáneamente, toda la Rusia revolucionaria se cubría de una vasta red de Soviets obreros y campesinos, que comenzaron a funcionar como órganos de autogestión. Se desarrollaron, prolongaron y defendieron la revolución. El orden y la administración capitalistas, aún existían nominalmente en el país, pero el vasto sistema de autogestión obrera económica y social era creado en su seno. Este régimen de soviets y comités de fábrica, por el solo hecho de su aparición, amenazaban de muerte al sistema estatal. Debe ser aclarado que el nacimiento y desarrollo de los soviets y comités de fábrica no tienen nada que ver con principios autoritarios. Por el contrario, eran, en el cabal sentido del término, órganos de autogestión social y económica de las masas, y en ningún caso, órganos del poder estatal. Eran opuestos a la maquinaria estatal que buscaba dirigir a las masas y preparaban una batalla decisiva en contra de ésta. “La fábrica al obrero - la tierra al campesino” -estas eran las consignas con las cuales las masas revolucionarias de la ciudad y el campo participaban en la derrota de la maquinaria del Estado de las clases poseedoras, en nombre de un nuevo sistema social, fundado en las células básicas de los comités de fábrica y en los soviets sociales y económicos. Estas demandas circulaban de un extremo a otro de la Rusia obrera, influenciando profundamente la acción directa contra la coalición de gobierno socialista-burguesa.

Como explicábamos, los obreros y campesinos ya estaban trabajando hacia la entera reconstrucción del sistema industrial y agrario de Rusia antes de Octubre de 1917. La cuestión agraria estaba virtualmente resuelta por los campesinos pobres, en una fecha tan anterior como Junio-Septiembre de 1917. Los trabajadores urbanos, por su parte, pusieron en funcionamiento órganos de autogestión social y económica, arrebatando al Estado y a los propietarios sus funciones organizativas en la producción. La Revolución Obrera de Octubre arrasó con el último y más grande obstáculo de la revolución, el poder estatal de las clases poseedoras, ya derrotado y desorganizado. Esta última evolución abrió un vasto horizonte para la consecución de la Revolución Social colocándole en el camino creativo de la reconstrucción socialista de la sociedad, al que ya habían apuntado los obreros en los meses precedentes. Este es el Octubre de los obreros y de los campesinos. Significó un poderoso intento de los trabajadores manuales explotados de destruir totalmente las bases de la sociedad capitalista y de construir una sociedad de trabajadores basada en los principios de igualdad, independencia y autogestión del proletariado urbano y rural. Este Octubre no alcanzó su conclusión natural. Fue interrumpido violentamente por el Octubre de los Bolcheviques, que extendieron progresivamente su dictadura a través del país.

EL OCTUBRE BOLCHEVIQUE

Todos los partidos estatistas, incluyendo el bolchevique, limitaron la Revolución Rusa a la instauración de un régimen social-demócrata. Fue sólo cuando los obreros y campesinos de toda Rusia comenzaron la revolución, la cual se probaba como un hecho histórico irreversible, que los Bolcheviques comenzaron a discutir el carácter social de la revolución, y la consecuente necesidad de modificar sus tácticas. No había unanimidad en el Partido sobre las cuestiones de carácter y orientación de los eventos que estaban teniendo lugar, ni siquiera en Octubre. Más aún, la Revolución de Octubre, al igual que los hechos que siguieron, se desarrolló mientras el Comité Central del Partido se hallaba dividido en dos tendencias. Mientras una parte del Comité Central, con Lenin a la cabeza, preveían la inevitable Revolución Social y proponían la preparación para la toma del poder, la otra tendencia, liderada por Zinoviev y Kamenev, denunciaba la tentativa de Revolución Social como aventurerista y no iban más allá de llamar a la Asamblea Constituyente en la cual los Bolcheviques ocuparían los puestos más a la izquierda. El punto de vista de Lenin prevaleció y el Partido comenzó a movilizar sus fuerzas en caso de la lucha decisiva de las masas en contra del gobierno provisional.

El Partido comenzó a infiltrar los Comités de Fábrica y los Soviets de Delegados Obreros, haciendo lo posible por obtener en estos órganos de autogestión los máximos mandatos a fin de controlar sus acciones.

Sin embargo, la concepción y aproximación de los Bolcheviques a los Soviets y a los Comités de Fábrica era fundamentalmente distinta a la de las masas. Mientras la masa obrera los consideraba como órganos sociales y económicos de autogestión, el Partido Bolchevique los veía como medios para arrebatar el poder a la decrépita burguesía y luego de esto, usar este poder para servir a los intereses del Partido. Entonces, una enorme diferencia se revelaba entre las masas revolucionarias y el Partido Bolchevique en su concepción y perspectivas de Octubre. En el primer caso, la cuestión era derrotar al Poder con el objetivo de ampliar y fortalecer los órganos de autogestión obrera y campesina ya constituidos. En el segundo caso, la cuestión era orientar estos órganos en orden a la toma del poder y subordinar todas las fuerzas revolucionarias al Partido. Esta divergencia, jugó un rol fatal en determinar el curso futuro de la Revolución Rusa.

El éxito de los bolcheviques en la Revolución de Octubre - es decir, el hecho de que se encontraran en el poder, desde donde subordinaron toda la revolución al Partido, se explica por su habilidad en sustituir la idea del poder soviético por la revolución social y por la emancipación social de las masas. A priori, estas dos ideas parecieran no contradecirse, ya que era posible comprender el poder soviético como el poder de los soviets, y así se facilitaba la substitución de la idea del poder soviético por la Revolución. Sin embargo, en su realización y consecuencia, estas ideas estaban unas y otras en violenta contradicción. La concepción del Poder Soviético encarnado en el Estado Bolchevique, se transformó en un poder burgués enteramente tradicional, concentrado en un puñado de individuos, que sujetaron a su autoridad todo lo que era fundamental y más poderoso en la vida del pueblo -en este caso, la Revolución Social. Entonces, con la ayuda del “Poder de los Soviets”, en donde los bolcheviques monopolizaban casi todos los puestos -efectivamente, obtuvieron un poder total y pudieron proclamar su dictadura a lo largo y ancho del territorio revolucionario. Esto les otorgó la posibilidad de estrangular a todas las corrientes revolucionarias de los trabajadores que no estaban de acuerdo con su doctrina de alterar por completo el curso de la Revolución Rusa y hacerla adoptar una multitud de medidas contrarias a su esencia. Una de estas medidas era la militarización del trabajo durante los años del Comunismo de Guerra -militarización de los obreros para que millones de estafadores y parásitos pudieran vivir en paz, lujo y ocio. Otra medida fue la lucha entre la ciudad y el campo, provocada por la política del Partido, que consideraba a los campesinos como elementos no confiables y ajenos a la Revolución. También hubo, finalmente, un estrangulamiento del pensamiento libertario y del movimiento anarquista cuyas ideas sociales y consignas fueron la fuerza de la Revolución Rusa y se orientaban hacia la revolución social. Otras medidas consistieron en la proscripción del movimiento obrero independiente, la supresión de la libertad de expresión de los trabajadores en general. Todo se reducía a un único centro, desde donde emanaban todas las instrucciones concernientes a las formas de vida, de pensamiento, de acción de las masas obreras.

Este es el Octubre de los Bolcheviques. En él se encarnaba el ideal seguido por décadas por la intelingentsia revolucionaria, realizado ahora al por mayor por la dictadura del Partido Comunista de Todas las Rusias. Este ideal satisface a la intelingentsia dominante, pese a sus catastróficas consecuencias para los obreros; ahora ellos pueden celebrar con pompa su décimo aniversario de poder.

LOS ANARQUISTAS

El Anarquismo Revolucionario fue la única corriente político-social que exaltó la idea de la revolución social de los obreros y de los campesinos, tanto durante la Revolución de 1905 como desde los primeros días de la Revolución de Octubre. De hecho, el rol que pudieron haber jugado fue colosal, así como también pudieron serlo los métodos de lucha empleados por las masas. Del mismo modo, ninguna teoría político-social se pudo haber mezclado más armoniosamente con el espíritu y la orientación de la Revolución. Las intervenciones de los oradores anarquistas en 1917 eran escuchadas con una particular confianza y atención por los obreros. Uno podría haber dicho que el potencial revolucionario de los obreros y de los campesinos, junto al poder ideológico y táctico de los anarquistas, pudieron representar una fuerza a la cual nada podría oponerse. Desafortunadamente, esta unión no tuvo lugar. Algunos anarquistas aislados ocasionalmente sobrellevaban una intensa actividad revolucionaria entre los obreros, pero no había una organización anarquista de gran envergadura que dirigiera acciones más continuas y coordinadas, (Fuera de la Confederación Nabat y de la Makhnovchina en Ucrania). Sólo una tal organización pudo haber unido a los anarquistas y a los millones de obreros. Durante tan importante y ventajoso periodo revolucionario, los anarquistas se limitaron a las actividades restringidas de pequeños grupos en lugar de orientarse hacia la acción política de masas. Prefirieron ahogarse en el mar de sus disputas internas, sin intentar plantear el problema de una política y táctica común al anarquismo. Por esta deficiencia, se condenaron a la inacción y a la esterilidad durante los momentos más importantes de la Revolución.

Las causas del estado catastrófico del movimiento anarquista, residían en su dispersión, en la desorganización y ausencia de una táctica colectiva -cosas que casi siempre han sido sostenidas como principios por parte de los anarquistas, evitando que dieran un solo paso organizativo de forma que pudiesen orientar la revolución social de una manera decisiva. No hay asunto, en realidad, en denunciar a aquellos que, por su demagogia, su falta de reflexión, y su irresponsabilidad contribuyeron a crear esta situación. Pero la experiencia trágica que llevó a las masas obreras a la derrota, al anarquismo al borde del abismo, debiera ser asimilada desde ahora. Debemos combatir y estigmatizar sin misericordia a aquellos que, de una u otra forma, continúan la perpetuación del caos y la confusión en el Anarquismo, a todos aquellos que obstruyen su re-establecimiento y organización. En otras palabras, a aquellos cuyas acciones vayan en contra de los esfuerzos del movimiento por la emancipación obrera y de la realización de la sociedad Anarquista-Comunista. Las masas obreras aprecian y son instintivamente atraídas al Anarquismo, pero no trabajarán con el movimiento Anarquista hasta verse convencidas de su coherencia teórica y organizativa. Es necesario que cada uno de nosotros intente al máximo que se alcance esta coherencia.

CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS

La práctica Bolchevique de los últimos diez años muestra claramente el rol contrarrevolucionario de la dictadura de su Partido. Cada año se restringen un poco más los derechos políticos y sociales de los trabajadores, y se les arrebatan sus conquistas revolucionarias. No cabe duda de que la “misión histórica” del Partido Bolchevique se encuentra vacía de significado y de que intentará llevar a la Revolución Rusa a su objetivo final: el capitalismo de Estado de los esclavos asalariados, vale decir, reforzar el poder de los explotadores y acrecentar la miseria de los explotados. Al hablar del Partido Bolchevique como parte de la intelingentsia socialista, que ejerce su poder sobre las masas obreras de la ciudad y el campo, tenemos en vista su núcleo dirigente central el cual, por su origen, por su formación así como por su estilo de vida, no tiene nada en común con la clase obrera, y pese a esto, rige todos los detalles de la vida del partido y del pueblo. Este núcleo intentará mantenerse por sobre el proletariado, quienes no pueden esperar nada de éste. Las posibilidades que ofrecen los militantes de base del Partido, incluyendo las Juventudes Comunistas, parecieran ser diferentes. Esta masa ha participado pasivamente en las políticas negativas y contrarrevolucionarias del Partido, pero proviniendo de la clase obrera, es capaz de llegar a percatarse del auténtico Octubre de los obreros y los campesinos y dirigirse hacia él. No nos caben dudas que de entre esta masa, vendrán muchos luchadores del Octubre obrero. Esperamos que asimilen rápidamente el carácter anarquista de este Octubre, y que vengan a prestarle sus manos. De nuestra parte, permítasenos indicar este carácter cuanto nos sea posible, y ayudar a las masas a reconquistar y conservar los grandes triunfos revolucionarios.

Piotr Archinov

Octubre 1927

(Traducción José Antonio Gutiérrez)


[1] Una dictadura que mereciera el nombre de “dictadura del proletariado” no por la ideología de los dictadores, sino por su vida real, no sería para nada una dictadura política y administrativa contra los seres sociales de carne y hueso, como la dictadura bolchevique, sino (como lo expresaron los revolucionarios que más de un siglo antes que los bolcheviques desarrollaran esta expresión): una dictadura ESENCIALMENTE SOCIAL (¡como lo es la revolución!) contra las desigualdades, contra la explotación, contra el mercantilismo, contra el dinero, contra el capital. Incluso la expresión misma se pierde en el tiempo, pero históricamente ha sido producto de las “conspiraciones por la igualdad” y en general de la crítica de las revoluciones políticas que lo único que hace es cambiar de facción en el poder político, dejando la sociedad capitalista intacta