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A 100 AÑOS DE LA CONTRARREVOLUCIÓN RUSA

LENIN SEPULTURERO DE LA REVOLUCIÓN 

GASTÓN LEVAL( primera entrega)

Presentado  POR EL COLECTIVO FANNI KAPLAN

Como dijimos en otras presentaciones, el texto que presentamos hoy tiene valor de testimonio, sobre la contrarrevolución rusa dirigida por Lenin. Hacemos abstracción de lo que hizo o piensa globalmente Gastón Leval, con el que en realidad compartimos poco o nada y nos atenemos aquí a la importancia de su testimonio. No hay demasiados que no estando de acuerdo con Lenin, lo miraron de frente y siguieron con vida. La cuestión es que la gran mayoría de los testimonios con los qué programáticamente compartimos mucho más, por situarse en la lucha revolucionaria contra el capital y el Estado, han sido eliminados, asesinados por el leninismo. Es por eso que casi todos los estudios se basan en los únicos documentos existentes escritos por quienes escaparon al exterminacionismo del Estado ruso.  Por eso, solo nos interesa lo que cuenta que, en grandes líneas, ha sido valorado y confirmado por otros testimonios de la misma época. Además, como si fuera poco, Laval fue de los poquísimos que estuvo en Rusia a contracorriente del Zar Lenin, y que (según parece) le habría dicho varias cosas en su jeta.

El lector verá, que independientemente de las posiciones de Leval, sobre muchos otros temas, el testimonio mismo es sustancial, importante, crucial /1

El mismo deja totalmente en evidencia que LA CONTRARREVOLUCIÓN fue siempre el campo de Lenin, no solo como personaje, autoritario y repugnante, sino por toda su práctica social sumiso frente al capital mundial y a la centralización estatista frente a quienes acepta cualquier cosa, y altanero, inflexible, mentiroso y criminal frente a los revolucionarios presos. En particular nos parece importante por dar a conocer con que desprecio humano funcionaban los jefes del terrorismo de Estado ruso frente al infinito sufrimiento de los presos políticos, sus compañeros y familiares.

Por supuesto que, en esta publicación, no podemos incluir todo el texto de Leval sobre Lenin. Por eso lo que publicamos es una SELECCIÓN EFECTUADA POR NUESTRO GRUPO. Quienes quisieran la versión integral pueden encontrarla aquí: https://laturbaediciones.files.wordpress.com/2010/03/lenin.pdfo también aquí: 

http://www.cgtmurcia.org/cultura-libertaria/anarkobiblioteka/memoria-libertaria/internacional/2054-europa-rusia-lenin-sepulturero-de-la-revolucion-rusa

Incluso lo que seleccionamos, según los criterios de esta publicación, es imprescindible dividirlo en varias apariciones. Hemos privilegiado la parte con mayor contenido histórico social, dejando de lado muchas referencias históricas (y notas) concretas referentes por ejemplo a Italia y Serrati, por ser muy poco interesantes, así como los pensamientos de Leval sobre el supuesto genio de Lenin que él insiste en mostrar como oportunista, y contrarrevolucionario, dado que todas esas elucubraciones sobre el genio malo o bueno del individuo Lenin, no tienen en cuenta la ayuda permanente que tuvieron los bolcheviques de la burguesía imperialista de Estados Unidos y de Alemania: la mayoría de los documentos probatorios al respecto, no habían sido divulgados en los años en que Laval escribe al respecto. Hoy, conociendo todo eso, la genialidad se reduce a una cuestión de administración de alianzas imperialistas y de fondos imperiales que hicieron de los bolcheviques el partido ruso más rico y fuerte de todos y el propio Lenin, se cae del pedestal mostrándose como lo que es: un funcionario mercenario y mediocre cooptado por el capital mundial. En cambio, hemos conservado del testimonio de Leval por su importancia, en todo lo que concierne a la dictadura personalista de Lenin y su partido y la sistemática disolución de toda expresión del asocianismo proletario: soviets, cooperativas, comunas agrícolas, sindicatos, comités territoriales y de fábricas. La dictadura bolchevique, fue una dictadura capitalista totalizadora, excluyente y monárquica (¡fue por eso que a la muerte de Lenin se disputa el trono y se termina imponiendo otro monarca, Stalin!) que excluyó toda expresión proletaria, por más que solo expresara los más modestos intereses inmediatos de grupos de proletarios. Es muy importante también el hecho de que la mayor represión comenzó ya en 1917, que el hambre, que se generalizaría luego, es producto de esa represión estatal de todo organismo obrero y en última instancia de la resistencia proletaria frente al poder burgués y capitalista centralizado por el Estado bolchevique.

En cuanto a las notas hemos indicado en cada caso si las agregamos nosotros (nota de FK) o si son originales del autor (nota de GL).

Colectivo Fanni Kaplan

LENIN SEPULTURERO DE LA REVOLUCIÓN GASTÓN LEVAL (1)

Yo había visto y escuchado a Lenin por primera vez en el Congreso de la Internacional Comunista en el que había sido admitido, al igual que mis co-delegados, como observador. Ese congreso había funcionado ya unos ocho o diez días, y todos los personajes eminentes del comunismo, internacional y del partido comunista ruso, habían usado de la palabra… Trotsky, Zinoviev, Radek, Rakovsky…. Y de pronto, el conjunto de los observadores, de los delegados comunistas rusos e internacionales, se levantan, estallando en aplausos y lanzando innumerables; ¡viva Lenin!; éste último había entrado por el bastidor y se sentaba en la tribuna. 

Creo haber sido el único que no se levantó ni aplaudió. Pero me sentí mirado por mis vecinos como aquellos que, en Francia, no saludaban la bandera durante un desfile militar, o en España, los que no se descubrían o no se arrodillaban cuando pasaba una procesión. Digamos que por cierto eso no me llegaba. 

Tuve entonces la ocasión de verificar lo que me decían dos de mis amigos: el francés René Marchand, sinceramente adherido a la revolución, y al doctor Nicolaiko, un anarquista al que yo había formulado esta pregunta: « ¿Considera usted que Lenin es un genio?». - ¿Qué entiende usted por genio?, -me respondió Nicolaiko-. En las discusiones Lenin no tiene más que la talla de un abogado de aldea retorcido («oh si, retorcido», interrumpió Marchand) y de poca consistencia, os lo aseguro. 

En esa intervención sobre el asunto italiano, el único en el que apareció Lenin durante los quince días que duró el congreso, solo pude constatar la pobreza de sus recursos, de su ironía fácil (se burlaba de Lazzari, defensor de Serrati, remedaba sus palabras italianas y su pronunciación, ante las risas de un auditorio servil) y del carácter autoritario de sus declaraciones. Lenin no aportó el menor argumento original, pero planteó el ultimátum: Serrati y sus amigos se sometían a las condiciones que se les imponía, o eran expulsados de la Internacional comunista. 

Si mi primera impresión no fue favorable, la segunda lo fue menos aún. Habiéndome ocupado muy activamente durante más de dos meses de la suerte y de la liberación de catorce camaradas (anarquistas rusos) que estaban en su undécimo día de huelga de hambre en la prisión de Butirki, había podido, en un esfuerzo desesperado, arrastrar a otros delegados al Congreso de la Internacional Sindical roja para una gestión suprema ante el jefe supremo. Hasta entonces nos habían entretenido enviándonos de un personaje a otro, rechazándonos siempre la autorización para visitar a esos camaradas anarcosindicalistas, a los que se acusaba de las peores fechorías sin darnos jamás la menor prueba de su culpabilidad. Relatar todas esas gestiones sería demasiado largo. Pero es bueno precisar que había logrado penetrar clandestinamente en la prisión, que había tenido una entrevista con nuestros camaradas y una prolongada conversación con Volin, quien hablaba admirablemente el francés y refutó punto por punto las calumnias (alianza con los generales blancos, masacres de soldados del ejército rojo, descarrilamientos de trenes que transportaban tropas soviéticas, etc.) que la Cheka (policía de Estado) lanzaba contra él. 

Esta vez estábamos decididos a ir hasta el fin. Y partimos al Kremlin, a ver al nuevo zar /2 que estaba encerrado entre sus muros. Habla miembros de ocho o diez delegaciones: española -en la que yo estaba-, francesa, inglesa, italiana (de la Unión Sindical Italiana), R.P.D. alemana, I.W.W. canadiense, etc. Y cuando el cuerpo de guardia que cerraba la entrada del Kremlin pidió de parte nuestra y por teléfono al «tovarich Lenin» acordarnos una entrevista, este, comprendiendo la mala impresión que tendría un rechazo, aceptó. 

Pero, llegados ante una especie de gran pabellón en que él habitaba, nos topamos con un nuevo cuerpo de guardia, que rehusó a su vez dejarnos pasar. Uno de nosotros redactó, en francés, una nota insistiendo en la entrevista. Lenin contestó con otra nota en que decía que las tareas de la Revolución no le permitían recibirnos. Nueva nota de nuestra parte. Al fin, respuesta favorable. Y henos aquí en el primer piso del edificio, en una especie de entrada en la que se abrían tres puertas. Esperamos algunos minutos y apareció Lenin. 

No puedo, por falta de tiempo y de lugar, contar en detalle lo que fue esta entrevista. Digamos lo que nos parece lo más característico. En primer lugar, en la propia entrada, Lenin nos estrechó uno?tras otro la mano reteniéndola largamente prisionera, y nos miró de hito en hito no menos largamente con un descaro desconcertante. Nos preguntaba nuestro nombre, de qué país veníamos, de cual delegación formábamos parte, etc. Poco después, estamos sentados en torno a una gran mesa rectangular, y Tom Mann, delegado inglés y la personalidad más destacada de nuestro grupo, expuso a Lenin el objeto de nuestra gestión. Lenin le contestó en inglés, después nos dirigió la palabra en un francés bastante mediocre

Comenzó inmediatamente por decirnos que los anarquistas rusos no eran como los anarquistas de Occidente, sino enemigos de la revolución, traidores que se habían pronunciado por la guerra al lado de los aliados, lo que era una mentira /3 pero le daba el “derecho moral” de perseguir a todos los anarquistas anti-bolcheviques. Después lanzó contra nuestros camaradas encarcelados las eternas acusaciones. 

Le interrumpí cuando cargaba sobre Volin las peores fechorías. Claramente, firmemente, le dije lo que sabía de la verdadera actividad de nuestro camarada, bestia negra de todos sus perseguidores. Yo hablaba de un modo preciso, martillando mis palabras, describiendo casi día por día las actividades de nuestro camarada. Lenin, que cuando los demás hablaban tenía la costumbre de mirar el techo sonriendo irónicamente sin escuchar lo que se le decía, quedó por un momento embarazado. Luego, buscando el medio de salir de su embarazo, habló de los contrarrevolucionarios que habían sido hasta entonces revolucionarios, de la defensa del Estado («el Estado es una máquina de la que somos responsables y debemos defenderla contra los que la atacan»), del realismo revolucionario («Volin es muy inteligente, y, justamente por eso, no podemos dejarle hacer propaganda contra nosotros»), volvió a los descarrilamientos de trenes, a los soldados rojos masacrados, acusó a Makhno de cometer monstruosidades en Ucrania, y junto a Volin con Makhno. Toda discusión se volvía inútil, tanto más por ser yo el único en desmentir a mi interlocutor. 

Pues durante todo este diálogo, los otros delegados callaron. Tenían sus razones valederas/4 Luego de la conversación cambio un poco de tema, se pidió a Lenin el derecho, para todos los revolucionarios, de propagar sus ideas por la palabra y por escrito. Rechazo de Lenin, quien acepta sólo intervenir por los catorce huelguistas de la prisión de Butirki, pero (y esto dicho modestamente) que no podría decidir nada por sí mismo, pues era la mayoría del Politburó quien debía decidir. 

Sabíamos que era él quien hacía la ley en este cuerpo, entonces compuesto por él mismo, Trotsky, Zinoviev, Bujarin y Kámenev. Pero había que prestarse a esa comedia y yo mismo escribí una nota en la cual encargábamos «al camarada Lenin» presentar nuestro requerimiento a los camaradas del Politburó. La conversación se prolonga todavía un poco, y partimos. La respuesta llega al día siguiente a la habitación del delegado francés Sirolle. Estaba firmada por Trotsky y se nos negaba la puesta en libertad de nuestros camaradas; no se aceptaba sino hacer una cosa: expulsarlos de Rusia, o nada. Debimos aceptar forzosamente. Y así fue cómo nuestro camarada Volin volvió a Occidente, donde se había refugiado antes bajo el zarismo y de donde había partido para volver a Rusia desde la revolución de febrero. 

La impresión que me dejo Lenin fue la de una insensibilidad absoluta. Miraba a los hombres como un comprador mira el ganado en una feria o como un ingeniero curioso de saber lo que podía sacar de una máquina nueva. Nada de simpatía, de reflejo del alma en esta fisonomía más sarcástica que cordial. De todos los hombres que conocí entonces, era el menos capaz de humanidad. Es verdad que no tuve la ocasión de conocer a Stalin... 

Lenin era el amo absoluto en Rusia. «No tenemos ni siquiera una república burguesa, tenemos una monarquía absoluta», me decía Simón Steinberg, secretario del partido socialista revolucionario de izquierda, al que visitaba clandestinamente en la pieza donde vivía también clandestinamente. Y era verdad. Cuando se formulaba un pedido de medidas coercitivas contra un miembro del Comité central del partido, se decidía por mayoría y minoría lo que había que hacer. Pero Lenin hacía arrestar al que quería, cuando quería, sin pedir permiso a nadie. Tenía, en las oficinas de los diferentes ministros -Tchicherin, Lunatcharsky, Trotsky mismo-, hombres suyos que le informaban de todo lo que pasaba en ellos o cuanto allí se decía. Pues tenía en sus manos la Cheka. La Cheka, cuyo nombre resonaba tan siniestramente como [luego] el de la Gestapo, que ejercía una dictadura absoluta sobre la totalidad de Rusia, que detenía, encarcelaba, deportaba, torturaba, asesinaba a quien quisiera, sin rendir cuentas a nadie, que incluso había inventado nuevos medios de tortura. El escritor y profesor yugoslavo Mihailovitch revelaba, hace cerca de tres años, que cuando Odessa fue retomada por el ejército rojo, treinta mil personas fueron fusiladas. Eso lo supe ya en 1921, y solo fue un hecho entre muchos otros. La Cheka (reemplazada por la N.K.V.D.), por la G.P.U., el M.V.D. y no sé qué otro organismo policial actual, organizó los primeros campos de concentración de Europa. En 1921 había ya millares de personas encerradas en campos que se llamaban «aisladores». No fueron menos terribles que los campos hitlerianos. 

La misma Cheka perseguía, encerraba y asesinaba a los miembros de todos los otros partidos revolucionarios. Es así como María Spiridinova, joven heroína, que había salido de las cárceles siberianas cuando fue derribado el zarismo y se había convertido en el líder de los socialistas revolucionarios de izquierda, volvió a estar muy pronto en prisión, y allí murió. 

Todo eso lo sabía Lenin, lo toleraba para disponer de una fuerza que le sirviera ciegamente. Y cuando René Marchand propuso a Trotsky, a Bujarin, a otros altos personajes, que se reglamentaran las actividades de la Cheka a fin de que no dispusiera más de un cheque en blanco que la autorizara a hacer cuanto le placía, esos partenaires de Lenin aceptaron, pero Lenin arrojo el proyecto al canasto. 

La tiranía de Lenin no era nueva. No podemos aquí hacer historia, siquiera sucinta, de sus actividades en el seno del partido socialdemócrata ruso, en el cual la lucha de fracciones que condujo lo hicieron a menudo ser comparado por Plejánov, fundador del marxismo ruso, con Robespierre, en tanto que después del congreso de 1903, le escribía Trotsky a Axelrod, otro miembro de la socialdemocracia rusa, que con hombres como Lenin “el aparato del partido sustituía al partido, luego el Comité central sustituía al aparato, y al fin el dictador sustituía al Comité central mismo”. El «centralismo democrático» de Lenin era, de hecho, el ego centralismo

Los panegiristas, que abundan para los vencedores y que, en su mayor parte, harían el panegírico de los triunfadores del campo opuesto si el viento hubiera soplado en otra dirección, hablaban muy fácilmente y hablan aun del «genio de Lenin». He dicho ya que ante lo que he visto, me formule la cuestión durante mi estancia en Rusia, desde junio a octubre-noviembre de 1921. Y hace ya tiempo que respondí negativamente. En lo que, por lo demás, no estoy solo. 

Las razones del triunfo de Lenin no dependen de la calidad excepcional de su pensamiento, de su espíritu creador, sino de la voluntad frenética de poder que siempre lo ha dominado y de su amoralidad absoluta en los medios empleados para lograrlo. Se puede hablar del genio de la maniobra, del genio de la argucia (aquí aparece la estructura mental del «abogado de aldea»), del genio de la mentira y de las falsas teorías. Había, en el seno del partido social-demócrata ruso, otros hombres tan inteligentes como Lenin: un Plejánov, un Martov, un Trotsky, un Axelrod le equivalían, pero no tenían su habilidad sofistica y maniobrera. Entre los socialistas revolucionarios de izquierda y de derecha, un Tchernov, un Tseretelli, y sin duda una María Spiridinova le equivalían también. ¿En qué les ha sobrepasado Lenin, aparte de la ambición de poder y el cinismo político que se justificaba a sí mismo en nombre de la dictadura necesaria en la revolución? 

Poned juntos a hombres que persigan un objetivo común. El éxito de la empresa debe ser el fruto de sus esfuerzos conjugados. Pero uno de ellos, rompiendo el pacto implícito o explicito que los ha unido al comienzo, los hace caer en una trampa que no esperaban y los precipita en el abismo, desviando a todo el conjunto, del objetivo perseguido. ¿Será este un rasgo de genio? ¿Será por ello superior a los que ha traicionado? De ninguna manera. Eso será una prueba de deslealtad y los que aplaudieron a tal vencedor son dementes, ciegos o pillos de su especie. 

Así, algunos justifican el golpe de Estado (pues no fue una verdadera revolución) de octubre de 1917, reprochando a los otros partidos, particularmente a los socialistas- revolucionarios (que obtuvieron seguidamente el 50 por ciento de los votos en las elecciones para la Asamblea constituyente, mientras que, aun detentando el poder, los bolcheviques solo lograron el 25 por ciento), su falta de audacia revolucionaria. Desde este punto de vista, es verdad que Lenin explotó magistralmente la situación. Pero desde octubre de 1917 a febrero de 1918, fecha en la que tuvieron lugar las elecciones para esa Asamblea, solo habían pasado tres meses. Y durante estos tres meses los obreros habían tornado la mayor parte de las fábricas, talleres y otros organismos de producción, los campesinos habían tornado la tierra, un nuevo régimen social y en gran parte socialista estaba en tren de nacer. El desarrollo de las realizaciones en curso no conducía ni a la restauración del zarismo, ni a una dominación real del capitalismo. La Asamblea constituyente francesa puso más de dos años para cumplir su obra, ¿por que reprochar a la de Rusia el no haber cumplido la suya instantáneamente? 

El «genio» de Lenin consistió una vez más en la maniobra….

Supo, sin duda sin ser el único, condensar en algunas fórmulas impactantes los hechos de magnitud que se producían durante el periodo de Kerensky. La inmensa mayoría de los soldados, de origen campesino, estaban cansados de la guerra y querían volver a su tierra, que los campesinos que quedaron en la retaguardia se apropiaban y repartían: de ahí la formula lanzada por los bolcheviques de « ¡Paz inmediata, sin anexiones ni indemnizaciones!». Los soviets -a los cuales Lenin solo había atribuido poca importancia durante la, Revolución de 1905- se multiplicaban en el territorio ruso y eran la expresión espontánea de la democracia popular local. Lenin y los bolcheviques lanzaron la fórmula de « ¡Todo el poder a los Soviets!» (No a los bolcheviques, recordémoslo bien). Los campesinos expropiaban a los terratenientes. Lenin y los suyos proclamaron: « ¡La tierra para los que la trabajan!»La voz universal pedía la convocatoria de una Asamblea constituyente que, recogiendo los deseos expresados, estableciera las bases generales de la nueva Rusia. Y los bolcheviques hicieron también campaña para la rápida convocatoria de la Asamblea constituyente. 

Oportunismo político hábil, genial, si se quiere, pero si solo está hecho de astucia, de traición, ¿es verdaderamente genial? 

Hemos dicho oportunismo. Agreguemos que es de múltiples caras. Sería interesante mostrar todas las contradicciones de Lenin, su modo de sostener simultáneamente las tesis más contradictorias según hablara en un congreso o en el Comité Central, según sus interlocutores del momento, según las situaciones. 

Así, un mes antes del golpe de Estado de octubre, Lenin escribía un folleto titulado ¿Podrán los comunistas conservar el poder?, que estaba seguramente reservado a los miembros del partido, según una práctica habitual. Y al mismo tiempo que hacía campaña por la convocatoria de la Asamblea constituyente, 1º que implicaba el respeto de la voluntad popular, al mismo tiempo que proclamaba: «¡Todo el poder a los Soviets!», lo que suponía que el poder seria diluido en la mayoría del pueblo ruso, y no que quedaría en manos del solo partido comunista, pronosticaba para sus amigos que los comunistas podrían conservar el poder, diciendo que el partido que seis meses antes contaba 20.000 adherentes y que, según él, contaría en octubre con 240.000, podría, con esos 240.000 miembros, cuya inmensa mayoría había llegado al bolchevismo sin saber nada de Marx, del marxismo, ni aun del leninismo, que los 240.000 adherentes, decimos nosotros, podrían muy bien reemplazar a los 130.000 terratenientes que gobernaban a Rusia antes de la caída del zarismo. 

Eso era engañarse con sus propios sofismas y hacer una caricatura grosera y tonta de la realidad. Pues ante todo Rusia no era gobernada por 130.000 terratenientes, sino, sin exceptuar a estos últimos, por un aparato de Estado nacional que contaba 250.000 funcionarios profesionales, sin contar las administraciones locales y regionales, los «zemstvos» (asambleas provinciales), todo el aparato económico en manos de los capitalistas y de los técnicos del capitalismo -de lo que Lenin hablara en el XI congreso del partido comunista-, todo el aparato comercial, y las industrias nacionalizadas, que tenían una importancia tan grande. Ante tal visión limitada de las cosas, uno queda estupefacto al leer a ciertos comentaristas cuando afirman que Lenin se mostró excepcional por su capacidad de analizar diversas situaciones. 

Sea como fuera, vemos que proyectaba conservar el poder... después de haberlo tomado de una manera u otra. Esto implicaba, una vez conquistado el poder, la dictadura de un núcleo de revolucionarios profesionales, de bolcheviques a toda prueba, y en consecuencia una centralización que, por necesidades de la causa, se llamaría democrática...

notas

1/Como el texto es muy largo y como los temas que se discutían no nos interesan hoy, hemos extraído de esta selección las discusiones concretas que en ese caso se tenían sobre el sindicalismo y el socialdemocratismo italiano. (nota de FK)

2/Era bastante corriente, que los revolucionarios y anarquistas se refirieran a Lenin de esa manera: se reafirmaba, con ello, que Lenin cumplía la misma función contrarrevolucionaria que el zar (nota FK)

3/La falsificación total en la acusación no fue heredada del zarismo, sino que fue una creación original del leninismo. Pero eso si el invento de cualquier cosa para justificar cualquier tortura existió desde el primer día y el primer ser humano acusado por Lenin. Primero se los acusó como Lenin mandó de “cualquier cosa incluso de robar gallinas”, pero muy pronto, y frente a la convicción cada vez más general en el proletariado de que los bolcheviques habían sido financiados por el capitalismo y el imperialismo (alemán y también norteamericano), ellos pasaron a acusar a todos los revolucionarios presos, especialmente a los socialistas revolucionarios y anarquistas de haberse “vendido a los aliados”. Hoy se sabe, que todas estas acusaciones eran mentiras, que eran la base misma de una provocación policial, pero que efectivamente los bolcheviques solo se impusieron en el poder en Rusia por el apoyo material y económico del imperialismo alemán. (Nota KL)

4/Sirolle, delegado libertario francés, de vuelta a París, contestaba a camaradas que le reprochaban el no haber?intervenido durante esa discusión: « ¿Qué quieres?, hay que cuidar el pellejo». (nota de GL)