LENIN SEPULTURERO DE LA REVOLUCIÓN
GASTÓN LEVAL (tercera y última entrega)
Hemos visto cual fue la confesión de Lenin concerniente al Estado, en marzo de 1922. Vimos también que Lenin declaraba entonces que todo debía ser emprendido, gracias a la burguesía y a los técnicos de la burguesía, en el dominio económico, particularmente de la socialización económica.
por Colectivo Fanni Kaplan
Lo que no decía era que el retroceso en ese terreno había alcanzado proporciones infinitamente superiores a lo que sugieren las cifras sobre desocupación que hemos reproducido más arriba. Por ejemplo, la producción de acero bruto en lingotes, que había sido de 4.274.000 toneladas en 1916, había descendido a 182.000 toneladas en 1920, a 177 toneladas en 1921, a 255 toneladas en 1922, a 690 toneladas en 1924. Esta caída vertiginosa no se explica solo por la guerra tanto más que en 1917, después de octubre, 24 de los 65 hornos existentes estaban en actividad.
Entre las causas de ese retroceso se pueden contar sin duda una cierta resistencia pasiva de los trabajadores en protesta contra el estrangulamiento de las libertades y la instalación de una dictadura generalizada. Nos resulta imposible desenmarañar en que proporciones fue juzgada esta resistencia, a la que determinados hombres del partido presentaron como un «sabotaje de los trabajadores». Pero no debemos olvidar lo que afirmaba Rykov, uno de los altos valores del partido, en cuanto al papel de los trabajadores y de sus sindicatos, y que parece desmentir esa hostilidad.
No hay que olvidar tampoco la situación creada a los ingenieros y a diversos técnicos. La carta dirigida a Lenin en marzo de 1919 por un ingeniero, cuyo texto reproduce Prokopovitcz en su historia económica de la U.R.S.S., nos informa a ese respecto. He aquí sus pasajes esenciales:
«¿Será que usted está a tal punto encerrado en su soledad del Kremlin /6 como para no ver lo que es la vida en sus alrededores, y que no se da cuenta de cuánto hay entre los técnicos rusos, no por cierto comunistas oficiales, sino verdaderos trabajadores que han adquirido sus conocimientos técnicos al precio de un inmenso esfuerzo sin que los capitalistas estuvieran en ello para nada, y de ningún modo con la intención de servir al capital? Han adquirido esos conocimientos luchando ásperamente contra las condiciones mortíferas impuestas a los estudiantes en el viejo régimen. Para ellos esas condiciones no se han mejorado bajo el gobierno comunista.»
«Contra estos proletarios auténticos que, a pesar de la diversidad de sus orígenes sociales, se han puesto al servicio de ese hermano que es para ellos el obrero, y esto desde los primeros gestos de su vida consciente, mediante el pensamiento, la palabra y la acción, contra estos auténticos trabajadores, digo, arrojados por usted en un mismo montón de «intelectuales» pestíferos, se ha azuzado a los comunistas inconscientes y de fresca data reclutados entre los viejos agentes de policía, los comisarios de policía rurales, los pequeños funcionarios, los tenderos que, en provincia, forman frecuentemente una buena parte de las «autoridades locales».
«Es difícil describirle el horror de las humillaciones y de los sufrimientos que les son infligidos. Denuncias y acusaciones de las más absurdas, pesquisas sin resultado, pero humillantes en extremo, amenazas de ser fusilados, requisiciones y confiscaciones, intromisiones en los asuntos más íntimos de la vida privada..., tal es la atmósfera en que han debido trabajar muchos técnicos salidos de las grandes escuelas, hasta estos últimos tiempos.
«Y sin embargo estos «pequeños burgueses» no han abandonado su puesto; han cumplido el compromiso sagrado que habían tornado de convertirse, al precio de no importa cuales sacrificios, en guardianes de la cultura y el saber para aquellos que los han humillado e injuriado por instigación de sus dirigentes. Han comprendido que no se puede confundir el infortunio y los disgustos personales con la creación de una vida mejor, y eso les ha ayudado y les ayuda todavía a soportarlo todo y a trabajar. Pero este seguro que entre estos hombres que usted calificó en bloque como burgueses, contrarrevolucionarias, saboteadores, etc., únicamente porque tienen una opinión que difiere de la suya sobre los medios de realizar el futuro régimen socialista y comunista, no comprará uno solo al precio que usted concibe. Si usted quiere «utilizar» a los técnicos, no los compre: aprenda a estimarlos como hombres y no como ganado al que usted necesita de tiempo en tiempo».
Esta carta, extraída según Prokopovitcz de las Obras completas de Lenin, nos ayuda a comprender el retroceso de la economía rusa, y también por qué Stalin debió hacer venir a numerosos ingenieros y técnicos diversos de Alemania y de los Estados Unidos durante los años 1924-1935 (la desocupación reinante en estos dos países facilitó esa operación). Pues si en 1922 Lenin rendía homenaje a la capacidad de los técnicos de la burguesía rusa, no quedaba ya un número suficiente de estos últimos para realizar las tareas que les asignaba.
¿Las tareas? Si, o más bien la tarea de organizar la economía de la que había sido el principal demoledor. Después de la insurrección de Kronstadt había comprendido hasta qué punto era necesario rectificar la situación, y en ese rasgo muchos comentaristas le han atribuido, una vez más, genialidad. Pero lo que nos parece lo más característico en cuanto a las disposiciones tomadas por Lenin, fue que en lugar de movilizar a los trabajadores acordándoles más libertad de iniciativa, dejándolos desarrollar sus organizaciones, dando a estas más posibilidades de actividad creadora, Lenin prefirió recurrir a los técnicos de la burguesía, según sus propias palabras. Pues sabía que podría más adelante, si viviera bastante tiempo para ello, deshacerse fácilmente de esos colaboradores de un momento, mientras que le sería harto difícil deshacerse de las organizaciones obreras que habían adquirido más madurez. Encargó entonces a la burguesía «organizar el comunismo», puesto que él no sabía organizarlo, incluso con la ayuda de su partido, de sus esbirros y de sus funcionarios. Tal fue la causa de la N.E.P. o Nueva Economía Política. Y hay gente que se extasía ante este contrasentido, ante esta monumental aberración.
Tanto más cuanto después que se hubo resucitado la libertad de empresa, que permitió una cierta proporción de viejas empresarios o de campesinos ricos, hubo que deshacer tales privilegios cuya aparición y reaparición se habla provocado. Y eso fue la caza a los «kuláks», la denuncia de los kuláks (Trotsky se encarnizó en esta necesidad), la deportación y el exterminio de millones de kuláks, de mujeres, de hijos de kuláks. Una nueva página de vergüenza y de ignominia que nada aportó de comunismo, que creó un nuevo parasitismo y contribuyó a lo que se llama la era estaliniana.
¡La era estaliniana! Aquí también vamos a chocar contra los robots, contra los títeres intelectuales de Moscú. Pues decimos que Lenin provocó esta era de pies a cabeza. Ante todo, empujando hacia adelante a Stalin, en el que había comenzado a ver su instrumento o su sucesor
No se dirá jamás bastante que Stalin accedió al secretariado general del partido comunista ruso por voluntad de Lenin -que lo había hecho entrar al comité central en 1912-, quien quería servirse del mismo para impedir la ascensión de Trotsky, con el que estuvo siempre en lucha a pesar de cierta colaboración
Y si Stalin pudo tomar tan fácilmente las palancas de comando, es porque Lenin había de tal modo centralizado y dispuesto del aparato de represión contra sus propias camaradas de partido, que fue muy fácil para el dictador georgiano sucederle. Que un año antes de su muerte, dándose cuenta de lo que Stalin iba a traer, sobre todo, porque al mismo tiempo veía cada vez más hasta qué punto el Estado se volvía «repugnante», haya escrito el «testamento» en el cual ponía en guardia contra la «brutalidad» de su hijo espiritual y alababa, sin mucho entusiasmo, los méritos de Trotsky -no entendemos con ello defender a este, que valió más que Lenin hasta el momento en que se le unió-, eso no atenúa en nada su responsabilidad histórica.
Eso no cambia nada en la instauración del régimen estaliniano que había preparado ampliamente. Pues aquellos que sabían, los que saben lo que era el régimen leninista, lo que en el mismo era el carácter policial, la sofocación burocrática, liberticida, perseguidora, la inepcia organizativa (aparte la que concernía a la policía), la inmoralidad administrativa, esos, entre quienes estoy, dicen que Stalin no inventó nada (aparte los procesos de Moscú), que esencialmente todo el estalinismo se encontraba en el leninismo.
Hay más: un estudio profundizado mostraría cuantas semejanzas psicológicas caracterizaban a los dos hombres. En Lenin, la voluntad de dominación fue siempre el principal resorte de sus actitudes, y en las polémicas, en las disputas, en las terribles luchas intestinas del partido social-demócrata ruso, incluso antes de que fuera consagrada la ruptura entre la fracción bolchevique y aquella a que se llamó menchevique, todos los procedimientos -las pillerías, las trampas, las violaciones de la palabra dada- eran buenos
Desde el momento en que no se estaba de acuerdo con él, se era contrarrevolucionario y enemigo del proletariado, y declaraba ante un tribunal del partido, en un proceso de orden moral que le hacían a la vez los mencheviques y la mayoría de su fracción bolchevique que «es un deber destruir, por todos los medios, a aquellos que son los enemigos del proletariado».
Esta actitud, que observó siempre, ¿no es ya la del estalinismo? Es cierto que no se está todavía ante el exterminio de los camaradas de partido. Pero le abre camino, pues en buena lógica es justo y necesario que los traidores sean ejecutados.
Lenin, repitámoslo, no fue tan lejos. Pero había dado un paso considerable en ese camino mediante la exterminación de los socialistas revolucionarios de izquierda y de derecha, de los anarquistas, de los mencheviques que en ciertos puntos ofrecían más garantía a las prácticas de socialización y de respeto de la libertad (hacia los sindicatos y los soviets, por ejemplo). Que la práctica de tal masacre se haya extendido después a las luchas de fracciones entre bolcheviques, es solo un desarrollo de lo que pre-existía
Es por lo demás muy útil observar que es en el terreno de la práctica de las «ex» o expropiaciones que carcomían al partido social-demócrata y contra las cuales toda la fracción menchevique y la mayoría de la fracción bolchevique terminaron por levantarse, que Lenin y Stalin coincidieron y fraternizaron. Lenin aceptó en principio renunciar, en el congreso de Estocolmo de 1907, a esta práctica que desmoralizaba todo y le aseguraba recursos con 1os cuales luchaba no solamente contra el régimen zarista, sino también contra las otras fracciones revolucionarias. Pero después de haber aceptado tal renuncia, se apuró a poner en pie una organización secreta de combate que continuó las «ex» que la gran mayoría de los social-demócratas denunciaba, así como las personalidades más salientes de la Internacional socialista, como Kautsky y Rosa Luxemburgo. Y fue a Stalin a quien encargó dirigir, particularmente en el Cáucaso, esa actividad secreta. He ahí las razones de los primeros contactos, de las primeras afinidades entre los dos hombres. Lenin eligió después a Stalin, en el Comité central del partido social-demócrata (eso pasaba en 1912), y como Stalin aceptó ser un instrumento voluntariamente dócil, le hizo escribir un libro sobre el problema de las nacionalidades, que dio a su sucesor un cierto carácter de teórico
Si se busca con que otros hombres, o con que hombres tenia, incluso en otros terrenos, afinidades equivalentes a las que existían entre Stalin y Lenin, creo que no se los puede encontrar. Ni Trotsky, ni Zinoviev, ni Kámenev, ni Bujarin, ni Martí, ni Plejánov ofrecen tal grado de similitud. Por su voluntad de dominar a todo precio y sin que nada lo detenga, Stalin era el digno sucesor de Lenin. La única diferencia consistía en que este último, mucho más informado de las teorías socialistas, tenía a veces sobresaltos críticos que no le impedían continuar en la pendiente fatal en que se había lanzado.
[6] Merece señalarse que los bolcheviques importantes tenían cada vez más miedo de aparecer en público, por miedo a que los lincharan y solo se desplazaban con muchos guardaespaldas (nota FK)