He leído su corta intervención y trascribo su parte central:…”Pero quizás mi posición no esté debidamente explicada. Mi oposición a la PER es en los casos en que la percepción de ella es un abuso, abuso que es financiado por todos los uruguayos, que como todos sabemos son mayoritariamente pobres. Lo que en un primer momento fue visto como una ayuda para remediar situaciones de necesidad de una parte de la población, el paso de los años sin que quienes la reciban lo hagan sin (o con, pregunta propia) causa justificada, la convierte en una prebenda. Según mis informaciones la PER es percibida incluso por quienes gozan de cargos públicos con grandes sueldos. A eso me refiero y si estoy equivocado que se me lo diga”. (El subrayado, la negrita y los paréntesis nos corresponden, advertimos)
por c.e.r.
Como ciudadano común y corriente, no estoy enterado de los mencionados abusos. No sé si los mismos son posibles. En principio, no lo creo.
Según mi información existe dentro del BPS, una oficina con cuatro funcionarios se ocupan exclusivamente de éste problema con la moderna tecnológica que permite cruzar datos y teniendo a su disposición la información estatal correspondiente. De ahí que –si como Ud. Afirma al final de su nota “percibida incluso por quienes gozan de cargos públicos con grandes sueldos”, yo y miles de otros ciudadanos lo ignoramos. La ley es bien explicita ante el problema.
En CRYSOL, además existe un compañero que se encarga de atender los casos de solicitantes y reclamantes, y que tiene los debidos contactos con las esferas del BPS relacionadas con la PER.
La historia de la Pensión Especial Reparatoria, es una historia –a esta altura larga y curiosa. Para comenzar se plasma como ley, con la oposición de muchos sectores frentistas: los mandamases del viejo MLN, el núcleo de sus antiguas “vacas sagradas” se oponía. Unos abiertamente y los nombré en mi nota anterior, otros, mas duchos, solapadamente, de costado y a la sordina. Todo a su vez estaba digitado por un personaje al que el tiempo llevó a ser una especie de “cardenal de las sombras” o “poder detrás del trono” el Sr. Danilo Astori.
Este caballero, que nunca se opuso a los privilegios de las jubilaciones militares, sino hasta muy recientemente y por motivos del déficit fiscal que se calcula en cientos de millones de dólares que esa Caja de Jubilaciones militares usufructúa para beneficio –principalmente- de los altos oficiales de la Corporación Militar.
Astori era el “alter ego” de la posición oficial del Ministerio de Economía que regía desde el primer triunfo electoral del 2004, era lo que llevaba a ciertos personajes que desde que entraron en el “cretinismo parlamentario” vigente y frenteamplista, a oponerse a la ley, entonces. Marenales hablaba por la voz y los deseos de Astori y el resto de la cúpula frenteamplista. La misma que mantiene los archivos de los crímenes de todos estos caballeros durante la pasada tiranía en el mayor silencio para el público general.
Después, a esa defensa que comienza con los denominados “pactos”, les siguió –administración Mujica- el alineamiento de la Corporación de la Justicia, o sea el conjunto de los altos magistrados que se han encargado de bloquear procesos, cerrar casos, expulsar y perseguir Jueces y Fiscales y otras lindezas por el estilo.
Como la tiranía fue CÍVICO-militar, cuestión que conviene no olvidar, ni por un momento. Llegado el momento la parte CÍVICA o sea los civiles prominentes –y burgueses- que integraban los elencos directivos de las diferentes “cámaras” en que está dividida la corporación burguesa, se encargaron de ser el personal experto, que asesora a los hombres de la tiranía militar que ejercían el poder. Cuando la cosa se pudrió, el rechazo popular creció y se expresó públicamente, se prepararon para cambiar de caballo, “blanquearse” como demócratas y legalistas, y algunos de ellos se subían a las tribunas con los ojos en blanco, proclamando “urbe et orbi” su acrisolada y ferviente vocación de demócratas intachables.
Hasta el día de hoy todos ellos no han recibido ni castigo. Anda por ahí –reciclados- y riéndose a mandíbula batiente de aquellos tiempos en los eran partidarios fervientes de “darle vacaciones a la democracia”. Una buena parte de ellos fueron fascistas y franquistas en su primera juventud. Verbigracia el Sr. Lacalle Herrera. Se encargaron –pero tibiamente- de señalar lo obvio –el papel de los militares- pero el “mea culpa” lo están debiendo. Todo sea para mantener este capitalismo dependiente que es la Republiqueta Oriental del Uruguay.
Ya en una nota anterior, hemos pretendido señalarle a Héctor Amodio Pérez que debe ser más cuidadoso (y desconfiado) con algunas “informaciones” que le llegan. Le decíamos entonces, “que se la estaban vendiendo cambiada” y, ahora, lo reiteramos: “OJO a la pala”. Hay varios tiburones y oficinas, jugando el jueguito de largar “verdes” para ver si logran cosechar “maduras”. Conviene –en el trato formal- de ponerles a todas buenas caras y amabilidad, pero mantenerse en el escepticismo que demanda la prudencia de la causa personal en la que está empeñado.
La derecha burguesa uruguaya –en sus dos vertientes particulares- los “blancos” y los “colorados”, herederos de los trapitos infames de Carpintería, a los que pretenden elevar a la categoría de “fundacionales”, están desesperados. No encuentran como volver al poder, cuando en nuestros vecinos –el Brasil y la Argentina- se ha logrado. Eso los saca de las casillas, los desespera y los pone frenéticos. TODO LES SIRVE, para ver si pueden llegar –de nuevo- a “la burra del estado”, como lo hicieron el periodo que va desde 1984 al 2004, saqueando todo lo que podían. 20 añitos “de joda” blanqui-colorada.
Pero están fritos, el pueblo liso y llano, sabe bien qué clase de reverendos hijos de mil putas son todos ellos: desde el Lacallito, al “Cejas”, al Manini actual y, el resto de la comparsa.
He dejado para el final una declaración –muy desacertada- sobre un problema fundamental. En efecto Héctor Amodio Pérez dice así: “Lo que en un primer momento fue visto como una ayuda para remediar situaciones de necesidad de una parte de la población, el paso de los años sin que los que la reciban lo hagan sin causa justificada, la convierte en una prebenda”
La verdad es otra: La PER en realidad no fue nunca una “ayuda” y, retaceada por los legisladores frenteamplistas –dentro del marco de ahorro inicial total de gastos del primer gobierno frenteamplista- fue un brutal ahorro a costa de los torturados y damnificados. Astori y su macro-economía, los legisladores obedientes –pero dentro de sus sueldos privilegiados- se confabularon para sacarla “barata”. En vez de pagar la indemnización que era lo que correspondía, sacaron una ley, donde con mentalidad de bolichero recortaban todo lo que podían. Es lo que sucede siempre dentro de la sociedad capitalista, donde los “ahorros” y las “salvaciones” se hacen sobre el lomo de los más pobres y, para agregar sarcasmos a esa lógica perversa, cuando corresponde se le hace el agregado “del servicio a la patria”. Ahora bien reflexione HAP -que alguna vez fue un militante- que los capitalistas, “los que tienen el sartén por el mango”, jamás se han de subir a la lógica de los “sacrificios patrióticos”, el “ahorro” y los otros componentes de sus discursos cínicos.
Los mas deben “sacrificarse,” en cambio los menos siempre estarán en la lógica de la ganancia que es la que hace funcionar “el sistema”.
Astori –que es un tecnócrata burgués- en busca de “sus metas macroeconómicas”, el “grado inversor” y otras pavadas y cuentos, desdeña toda la lógica y la historia que demuestra que tanto la actual Rusia, como China, no lograron jamás “el desarrollo” por obra y gracias del “capital inversor”. Muy por el contrario. Lo lograron contra los esfuerzos denodados y hasta las guerras con las que se propusieron hacerlas volver al redil de países sometidos y dependientes.
Y si compara el monto total de la PER, y lo compara con el monto de las pensiones de la Caja Militar, se encontrará con números fehacientes y concluyentes. Le recomendamos que lo haga porque los datos son públicos y se dará cuenta de lo interesado que son ciertos “informes” que le pasan a HAP, para hacerlo equivocarse.