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ESTRATEGIA ? 7 ? LA ALTERNATIVA

 

LA LUCHA ELECTORAL COMO MEDIDA TÁCTICA EN EL

MARCO DE UNA ESTRATEGIA REVOLUCIONARIA

 Sin teoría revolucionaria no puede existir acción revolucionaria.

  La teoría revolucionaria es el materialismo dialéctico e histórico, teoría científica de la clase  trabajadora. Aplicando estos principios,  toda organización antiimperialista y de lucha por el  socialismo debe asumir que el proceso de liberación nacional y social únicamente se logrará con la toma del poder político de los sectores populares conducidos por la clase trabajadora.

La historia de la lucha de clases demuestra irrefutablemente que la violencia organizada de las masas es la partera del nacimiento de nuevos sistemas económico-socio-políticos. Vivimos, entonces, el período histórico de una contradicción antagónica e irreconciliable, entre el capitalismo y el socialismo, contradicción que se resuelve con la destrucción del capitalismo que es el polo viejo, del cual se ha engendrado lo nuevo que lo eliminará, que es el socialismo.

Si el camino fundamental de los pueblos en su lucha contra el imperialismo desde un punto de vista estratégico (largo plazo) es la lucha revolucionaria ¿qué papel juegan los demás métodos de lucha hacia la conquista del poder?

Por la más importante ley dialéctica que es la lucha y unidad de los contrarios,  si un  polo de la contradicción es principal o único- violencia organizada de las masas, se encuentra unido y en lucha  con su contrario   será secundarios o todos, pues el contrario de uno es todos y de principal es secundarios y de violencia organizada de las masas su opuesto es no-violencia organizada de las masas. 

Por lo expuesto, a un método de lucha de liberación único o principal llevará unido y en lucha  su contrario y por lo tanto  el contrario de único es todos (no unos si y otros no) y de principal es secundarios.

 El método de liberación  (uno-todos o principal -secundarios) tiene un objetivo común: la revolución y el socialismo y  a su vez es una contradicción de carácter no antagónico, que significa que el método principal y los secundarios luchan entre sí, sin que uno de los polos  deba desaparecer.

Lo que debe prevalecer siempre la necesidad de que cada paso táctico (corto plazo) debe apuntar a acumular hacia la estrategia de toma del poder (largo plazo). 

La lucha ideológica-política entre los métodos (uno-todos) se resuelve mediante el análisis de la estructura económica-social y política del imperialismo, la región y el país en definitiva de la correlación de fuerzas y de clases a nivel mundial.

Este análisis permite definir la estrategia y  el análisis de la coyuntura económica-social y política del imperialismo, región y país o sea la correlación de fuerzas y de clases a nivel coyuntural mundial define la táctica.

 Los métodos secundarios como la lucha ideológica, la sindical, la política, la social, la cultural, la electoral, etc., se priorizan en cada etapa histórica, teniendo siempre presente que esa tarea debe servir para hacer avanzar más rápido en el seno del pueblo la conciencia y organización del programa revolucionario.

De ahí, el sumo respeto a las variantes tácticas de cada organización revolucionaria, pues la elección de la táctica  en cada situación concreta, es una de las decisiones más complejas y generalmente ponen a prueba  a esas organizaciones en cada viraje táctico.

En esta etapa de reflujo, por ejemplo, Fidel Castro ha considerado que la trinchera ideológica, la recuperación de la ideología de los trabajadores, es una de las tareas prioritarias para las fuerzas que luchan por el socialismo.

LA LUCHA SOCIAL Y LA LUCHA POLÍTICA

 En el desarrollo de la lucha de clases, la lucha social  de los sectores populares con sus plataformas reivindicativas está unida y en lucha con la lucha política de los frentes, movimientos y partidos políticos clasistas.

  Esta contradicción de carácter no antagónico entre la lucha social y la lucha política, entre las organizaciones sociales y las organizaciones políticas solamente se puede resolver mediante la discusión, persuasión, paciencia y tolerancia  en el seno de la clase trabajadora organizada (organizaciones sociales).

 Entendiendo que la clase trabajadora es el  sujeto social de los cambios, sus intereses están por encima de cualquier partido, que su propia palabra (parte) significa un sector de clase organizado. El instrumento político clasista es un medio y el fin, unido y en lucha, es la clase con  su programa de liberación nacional y social.

 No se  separa, es anticientífico,  la lucha social y la lucha política. 

Lo que sí debe quedar claro siempre, que los intereses del proletario internacional están por encima de los intereses de la clase de un país y que dentro de ese país, los intereses de los trabajadores están por encima de los partidos clasistas.

 A partir de estos principios dialécticos, entonces, un partido clasista se pone al servicio de la clase y su papel es, la de fusionar la ideología con el sujeto social revolucionario. Partiendo de la base que las ideas correctas están en el seno del pueblo, una organización política con elementos de análisis teórico y con su inserción  encuentra, analiza y convierte los planes en acción política.

Esa tarea de ir hacia el pueblo en un mutuo aprendizaje  con  el derivado de aciertos y errores, genera una práctica cotidiana de eliminar la tentación de poner a las organizaciones sociales y los intereses cardinales del proletariado como polea de transmisión de las estrategias y tácticas partidarias.

 Si la lucha social y la lucha política están unidas en la lucha de clases, no se puede separar una de otra. Cualquier movimiento clasista no desatiende los dos aspectos, lo que sí en cada coyuntura de la lucha de clases, es preciso priorizar uno sobre otro. Se avanza, dando un paso, donde una pierna precede a la otra.

Tácticamente, hay una  mayor participación de los partidos de clase en un auge de movilizaciones sociales y en otros momentos la lucha política electoral-parlamentaria se convierte en un ámbito proclive para avanzar el programa de soluciones populares.

LA LUCHA SOCIAL EN LA ACTUAL COYUNTURA

El movimiento obrero organizado tiene en su seno la lucha de dos tendencias históricas: la tendencia reformista (conciliación de clases)   y la tendencia  revolucionaria (lucha de clases)

La tendencia reformista  se basa en la conciliación de clases o sea que los obreros y los patrones tienen intereses comunes  y esa comunidad de intereses se refleja en los pactos sociales, mejoras graduales, un tibio o cuasi inexistente antiimperialismo y apoyo a gobiernos que llevan adelante propuestas capitalistas, ya sean neoliberales, social-liberales, keynesianos,  desarrollistas, etc. 

La tendencia clasista se basa en la lucha de clases, donde los intereses de los patrones y de los trabajadores son antagónicos y  que no puede haber paz, tregua, conciliación entre un explotador y un explotado. Se opone a todo tipo de gobierno capitalista, en todas sus variantes y tiene los objetivos del antiimperialismo,  de la revolución y el socialismo.

En nuestro país, existen vertebradas estas dos tendencias, la primera  o sea la reformista, es la mayoritaria en casi todas las organizaciones sociales. Ha llevado adelante el pacto social y es firme defensora del actual gobierno que practica una política neoliberal, fondomonetarista y continuista.

La segunda, la tendencia clasista,  es minoritaria en las organizaciones sociales  y tiende a efectuar  coordinaciones  para dar las luchas en una correlación de fuerzas desfavorable.

La crisis económica profunda que presenta  el sistema capitalista es promesa cierta de la agudización de la lucha de clases.

Las maniobras de freno a las luchas por parte de los conciliadores  serán  inoperantes ante la miseria, el desempleo, la caída salarial de las grandes mayorías. Se avecinan movilizaciones, ocupaciones, huelgas, paros y la posibilidad de estallidos sociales.

Existe la firme posibilidad del desarrollo de un espacio clasista  ante la necesidad imperiosa de los trabajadores de luchar para evitar que  sean los  más perjudicados por la crisis.

Cuanto más unido se encuentre el espacio clasista, más posibilidades de logros en la plataforma de reivindicaciones  y de victoria en los conflictos   tendrá la clase trabajadora.

Es la unidad para luchar que levantan los clasistas que se opone a la unidad para pactar que proponen los conciliadores.

En este nuevo período, donde el progresismo accede al gobierno, las direcciones sindicales oficialistas practican el amarillismo, pues son aliados con los patrones, sobre todo en los ámbitos donde el patrón es el estado, que además con sus políticas pro patronales (sanción penal de toma de tierras y casas, prohibición de ocupación de lugares de trabajo públicos, decretos de servicios esenciales, las fuerzas armadas como carneros en el conflicto municipal, descuentos sanciones a los trabajadores en huelga, etc.) todas señales de garantía al capital,   de la propiedad privada y la inversión extranjera.

La conducción mayoritaria amarillista del PIT-CNT, ha engendrado variantes tácticas del clasismo, unos intentan acumular hacia una nueva dirección clasista desplazando a los conciliadores y otros se están planteando la necesidad de una  nueva central

Si ambas tácticas tienen los mismos objetivos de dotar al movimiento obrero de una dirección clasista, esas variantes tácticas no son antagónicas, por lo corresponde sumo respeto entre ellas e ir con paciencia tejer coordinaciones y que la práctica social vaya demostrando cual es la más acertada. 

LA LUCHA POLÍTICA EN LA ACTUAL COYUNTURA

La lucha política abarca varios frentes y uno de ellos es la lucha programática electoral  que incluye la lucha parlamentaria.

En cada período histórico, en un proceso electoral se pueden optar por participar con candidatos, abstenerse, votar en blanco o nulo, votar en blanco  levantando un programa de liberación nacional y social, etc.

La coyuntura, tras el período de un gobierno que se llamara  progresista y de izquierda, ha entrado en un proceso de descomposición ideológico-programática y ético político, ha liquidado la participación de las bases,  ha rebajado el programa y se ha aliado con cualquiera (víboras) con tal de llegar y mantenerse en el gobierno y   se ha sumergido en un carnaval de opciones de candidaturas al mejor estilo de los partidos tradicionales Ni programa, organización y candidatos se diferencian de los gobiernos anteriores, se disputan el aparato del estado, que en la reproducción cotidiana del capitalismo, el estado es un instrumento  de opresión de las grandes mayorías.

Se abre así un período histórico de vertebración de toda una izquierda clasista, consecuente al programa de liberación social, circunstancialmente fragmentada en una veintena de grupos que tienen  diferentes ideologías,  algunos que  son desprendimientos de diversas vertientes del FA y otros que nunca lo fueron y con  métodos  de trabajo donde algunos incursionaron en lo electoral, otros con voto en blanco, etc.

Esta unidad tiene varias características que lo marca el programa histórico de liberación de la clase trabajadora en su lucha por el socialismo.

Es una unidad que trasciende lo electoral, es una unidad para luchar en el plano social y político, es una unidad sin exclusiones y es una unidad de participación democrática.

En la conciencia  de la mayoría del pueblo, no hay ningún método de lucha que opaque la opción democrática burguesa de las elecciones.

La lucha social y sindical  no sustituye  a la lucha electoral como opción táctica para hacer avanzar el programa, aún con la profundización de la crisis.

No existe la lucha armada revolucionaria como opción frente a las masas, aunque siempre es posible la educación  y preparación política al proletariado,  que sin el ejercicio de las armas, la clase trabajadora se convierte en una esclavitud asalariada.

El pueblo  transitará  el proceso electoral sin pena ni gloria con tres opciones burguesas, se abre la posibilidad  de la creación de un frente de la izquierda consecuente con un programa de liberación nacional y social, de cara a las masas.

El materialismo histórico, experiencia popular en la creación de frentes y la búsqueda de la unidad programática de izquierda,  nos enseña que dicha unidad fue forjada  con la construcción de instrumentos superadores a los grupos políticos ya existentes.

En el año 1962, se crea la Unión Popular que sintetiza la unidad de varias vertientes lo mismo que  el Frente de Izquierda de Liberación (Fidel), en 1967 se gesta el Acuerdo de Época  y  en  el año 1971 se crea el Frente Amplio que unifica como sigla a  diferentes movimientos y partidos, lo mismo con Asamblea Popular y COMUNA en los últimos años.

En la actualidad,  la veintena de organizaciones, grupos, y desprendimientos del FA tiene la responsabilidad histórica de forjar un instrumento político de lucha de clases en lo social y lo político que incluya  la unidad programática electoral, en la construcción de una síntesis que supere todo lo existente.

Quien aspire a hegemonizar  atrás de si, lo único que conseguirá atrasar la unidad  tan necesaria  para las luchas y que  esa unidad se dará indefectiblemente tras los enfrentamientos que se acercan en el  horizonte de la crisis.

No hay voluntarismo de por medio, es la tarea de la hora, varios movimientos políticos han llegado al gobierno de América Latina e impulsan puntos del programa de liberación nacional y social en materia de protagonismo de los movimientos sociales, de nacionalizaciones y estatizaciones en defensa del patrimonio nacional y estatal, de declaraciones y votaciones en los organismos internacionales contra las políticas imperiales, lejos aún de un proceso revolucionario, pero la atmósfera de la lucha de clases se ha oxigenado por las movilizaciones  populares que intentan no ser los eternos pagadores de la profunda crisis capitalista.

Próxima entrega: Programa máximo y programa mínimo – organización.