América Latina es dependiente y no tendrá desarrollo mientras sus gobiernos pretendan hacerlo dentro del sistema Capitalista, la globalización no es más que la etapa superior, el imperialismo se expresa económicamente bajo nuevas formas de tenencia de los medios de producción incluyendo la tierra.
La ruptura con el sistema es la única salida acorde a las necesidades de las grandes mayorías oprimidas del continente.
En América la pobre no hay lugar para la social democracia, eso se vino a pique porque las mentiras tienen patas cortas, todo el bienestar europeo lo pagamos los sudacas durante años a través de sus multinacionales, que ahora en la desespera de la ganancia fácil, se unieron a los especuladores inmobiliarios y financieros y se fundieron simplemente porque la gente que se endeudo con ellos era imposible que pudiera pagar.
Por eso es importante incorporar en las acciones antisistema la batalla contra el consumismo, porque hay que armar la cabeza del trabajador para que se organice y luche, pero no se puede promover esa lucha sin escatimar esfuerzos contra el flagelo del consumo: expresado como una hidra envenenada de múltiples ramas: artículos de consumo superfluos, alcohol, drogas, entretenimiento, prostitución, medicamentos, la propia comida en forma desproporcionada genera conductas adictivas, todo es un combo consumista que la sociedad nos plantea como meta contrabandeada en nuestro subconsciente, con todas sus técnicas.
Otro aspecto de la lucha antiimperialista, no menos importante es la lucha por la PAZ, ya que el complejo militar industrial de Estados Unidos, se sostiene únicamente en la consecución permanente de la guerra.
Hoy para el imperialismo, la guerra pasó a ser el principal objetivo de la guerra.
No se trata de una redundancia: el objetivo de la guerra no es derrotar un enemigo (los talibanes, por ejemplo en Afganistán) ni ninguno de los objetivos que nos vende la propaganda de guerra, el objetivo medular es mantener la continuidad de la guerra.
Si queremos ubicar una razón económica que subordine a la guerra, sólo encontraremos la necesidad imprescindible de la continuidad y expansión de la guerra como forma privilegiada de la acumulación de capital en esta época histórica.
En el Congo, Somalia, Yemen, Mali, Sudán, Libia, Siria, Afganistán, en el propio Irak, y en las otras decenas de países donde EEUU y la OTAN mantienen conflictos armados abiertos o encubiertos lo central es la persistencia de la guerra.
Porque allí se consume y se venden las mercancías que produce el complejo industrial-militar imperialista que es el motor del sistema capitalista en la actualidad.
Por eso la consigna de la Paz, no es una ingenuidad pacifista.
Es una demanda que ataca el mecanismo central del funcionamiento del imperialismo en esta época. Cuando los pueblos se movilizan por la Paz están tratando de detener la violencia y la muerte que la guerra supone.
Cosa absolutamente necesaria.
Pero al mismo tiempo en esta época histórica, la Paz es la peor amenaza al funcionamiento normal del actual sistema capitalista por qué traba su acumulación.
Debe ser entonces, una demanda privilegiada de todos aquellos que batallamos por otra sociedad.
Es también imprescindible la oposición a cualquier tipo de intervención militar así sea adornada de las mejores intenciones “democráticas”.
La defensa de la soberanía y de la autodeterminación de las naciones sigue siendo indispensable en un programa anti-imperialista. Porque las intervenciones en esta época tienen las características de lo que pasó en Kosovo o en Libia: una intervención imperialista con bombardeos sobre civiles y destruyendo todo lo más posible en el país y abriendo un nuevo mercado para los contratistas militares del Pentágono.