Cuando estoy trabajando sobre un nuevo libro comparto los borradores con los amigos, porque no creo en la propiedad intelectual; y exhibo sin inhibiciones las imperfecciones del manuscrito sabiendo que le falta el toque final y que los amigos me ayudan a mejorarlo. Eso ocurrió con mi proyecto "Aparicio Saravia, el traicionado" que el Porteño entendió que igual debía difundirse pese a estar en una fase de revisión; y me alegro de ello.
Mi objetivo central no es desenmascarar al actual Partido Nacional, efecto lateral al que colaboro con gusto, sino llamar la atención sobre la peculiar historia de la lucha por la tierra en nuestro país. Pero ahora debo revisar el manuscrito, porque allí el Basco, compañero de lucha contra BOTNIA-UPM, leyó algo que no quise decir.
Desde que éramos colonia española, los latifundistas radicados en Montevideo chocaron con los hacendados "cimarrones" radicados en el campo, quienes se sentían más próximos al "colectivismo difuso" de la pradera rebelde ante la ley colonial.
Este sector de hacendados ""cimarrones" es el que Artigas "fomenta" al mismo tiempo que expropia a los grandes hacendados ausentistas que son "malos europeos y peores americanos". Esta división subsiste en 1900 a pesar de la contra revolución agraria de 1830-1836, y es la memoria "cimarrona" (y no la del gran latifundista) la que ilumina la gesta de Saravia entre 1896 y 1904.
Sí estoy convencido de que a Flores lo ajusticiaron los blancos, y bien ajusticiado estuvo, y no conspiradores de su propio Partido, pero eso es otra polémica que quizás no interese tanto a los lectores de Posta.
Gonzalo Abella