¿No entendemos que la injusticia es la madre de la violencia?
El garrote no arregla nada: ¡Dignidad, Comida y Escuela!”
Pablo Estramín
El 26 de octubre de 2014 se plebiscitará una reforma constitucional que en esencia baja de 18 a 16 años, la edad de imputabilidad penal. En concreto, lo que se hace es bajar la barrera para adquirir la mayoría de edad a los efectos penales, pero no para otorgar a los jóvenes los derechos de un adulto. Solo se propone considerarlos adultos para castigarlos, pero que sigan siendo menores para ejercer los derechos plenos de la ciudadanía uruguaya.
Si se aprueba la reforma propuesta, se dará la extraña situación de que el mismo joven que puede ir preso a los 16 años, no puede salir del país, ni votar, ni casarse, ni adquirir o vender una propiedad sin autorización de sus padres o tutores.
El solo hecho de que no podrán ni siquiera votar respecto a una norma que les afecta a ellos mismos, discrimina a los jóvenes al ponerlos a merced de lo que decida el resto de la población. ¿Es democrático que se resuelva un asunto en las urnas sin la participación de los directamente implicados? ¿Es un plebiscito o un juicio en el que se somete al veredicto popular a los jóvenes de este país?
¿POR QUÉ TANTA GENTE APRUEBA LA BAJA?
Merece un análisis más detenido que el que podemos hacer en esta breve nota, el pensamiento del 64% de la población uruguaya que dice estar a favor de la baja de imputabilidad, según la última encuesta divulgada por Equipos Mori en diciembre de 2013. No obstante, considero útil esbozar algunos apuntes en torno a un tema que parece no generar muchas dudas pues solo el 5% no expresa opinión, mientras el 31% se declara en contra.
Según Ignacio Zuasnábar, Director de Equipos Mori, el mayor apoyo al proyecto se da entre jóvenes montevideanos de nivel socio educativo medio alto. Esta pista es interesante, pues sugiere que entre los sectores más favorecidos de la población capitalina, hay una mayor predisposición a aplicar mano dura.
¿Por qué entre los jóvenes de mejor situación económica en Montevideo, predomina la idea de que sería bueno penalizar a los ciudadanos a partir de los 16 años? ¿Será efecto de la formación cultural que han recibido que estigmatiza al “pibe chorro” que habita los suburbios y se considera una amenaza para la clase social media alta de Montevideo?
Pero la intención de voto favorable a la reforma no solo predomina en esa clase, sino en el resto de las capas sociales. Eso nos lleva a preguntarnos qué factor en común puede operar en la mente de más de 6 de cada 10 uruguayos, como para que se llegue a creer que sería bueno penalizar a los jóvenes a partir de los 16 años.
Una respuesta puede ser la prédica persistente de los medios periodísticos que destacan la delincuencia y suelen reparar en la condición de “inimputables” de algunos de sus protagonistas. Puede ser que de tanto escuchar sobre las tropelías de los “inimputables”, terminen por creer que bajar la edad de imputabilidad es una buena idea. ¿Qué pasaría si hubiera menos morbo en los informativos? Sin esa campaña atemorizante disfrazada de periodismo: ¿Habría tanta gente de acuerdo con esta reforma?
Otro factor puede ser la mala imagen que la sociedad tiene del INAU, instituto creado para atender a la minoridad carenciada y al que se destina la custodia de los menores infractores. La ciudadanía en general puede creer que el fracaso del INAU se debe en parte a la condición de “incorregibles” de muchos jóvenes, por lo que asuma que tal vez nos iría mejor si se adelanta el trámite y en vez de esperar a que cumplan 18, desde los 16 ya se les pone en órbita de la Justicia de adultos que tendrá que lidiar con ellos por el resto de sus miserables existencias.
Como se puede apreciar, no es tan difícil entender por qué la mayoría de los uruguayos se inclina a favor de bajar la edad de imputabilidad. Esa tendencia no significa necesariamente que la iniciativa es buena. Simplemente, yo creo que lo que sucede, es que la reforma propuesta calza bien con el modelo imperante que culpabiliza a los más débiles y absuelve a los poderosos.
La mayoría se deja llevar por la idea de que aumentar la represión mejora la seguridad pública. Es más fácil creer eso que entrar en cuestionamientos más profundos, como preguntar: ¿Está la sociedad cumpliendo a satisfacción su deber de ofrecer a los jóvenes una buena formación con educación, oportunidades y estímulos necesarios para motivarlos y potenciar sus capacidades y talentos? La respuesta es muy obvia. La sociedad está en deuda con los jóvenes. ¿Está entonces en condiciones de exigir cuando no cumple con la parte que le corresponde?
El estado uruguayo (que somos todos) debe asumir su responsabilidad y preguntarse de dónde salen los delincuentes menores, razonamiento que nos lleva a la sencilla respuesta de que son un producto social del que tenemos que hacernos cargo. No podemos tratarlos como si fueran solo ellos plena y únicamente responsables de su situación. Y en el reparto de cuotas partes de responsabilidad, sin dudas la mayor debe ser la de los políticos que dan constantemente lecciones de deshonestidad, y aplican un modelo económico de injusticia social, que es el marco en el que se agudiza el fenómeno de la delincuencia.
La canción de Estramín que cito al comienzo de esta nota, resume muy bien lo que yo pienso respecto a este tema. Con sus palabras, que me humedecen los ojos cada vez que las leo, nos invita a reflexionar a todos. Si lo escuchamos, la ciudadanía uruguaya no cometerá el error de aprobar una reforma que no contribuye a solucionar el problema de la minoridad delincuente, cuestión cuya complejidad va mucho más allá de una medida arbitraria de bajar un límite etario.
Un disparo suena en la noche, va la muerte disfrazada de amigo un pibe que pasa corriendo con un monedero escondido
En la esquina fumando pasta base con los ojos de roja nube buscando aliviar la tristeza hay cuatro botijas que curten
Les mostramos desde la tele las mansiones, la buena vida los banquetes de los famosos y ellos con la mesa vacía
Para protegernos más tarde de la realidad que creamos, los mandamos al calabozo para que los caguen a palo
Cuando salen, vuelven al barrio al dolor de todos los días, a los gurisitos descalzos, al terror de la policía
¿No entendemos que la injusticia es la madre de la violencia?
El garrote no arregla nada: ¡Dignidad, Comida y Escuela!
La esperanza llora en la noche por las calles del rancherío con mi canto le hago este poncho pa que no se muera de olvido
¡Gracias Pablo por haber escrito algo así!