Envíopostaporteñ@ 1672

Trump, Clinton y la ilusión de la eterna hegemonía estadounidense

Ryan Harvey, Truthout | Op-Ed |  28 de septiembre 2016

Habría mucho para leer entre líneas en el debate presidencial del lunes, cuando el adusto machista Donald Trump mostraba su enojo y ansiedad básica anta la falta de respuesta a la intervención de la OTAN en Libia. Pero sobrevolando toda la discusión –y en realidad toda la crisis política del mundo occidental- está el ruido de fondo cuando la hegemonía se destiñe. Los EE.UU. está perdiendo su lugar en el orden mundial, y Europa viene detrás...

Este cambio está incidiendo en el ascenso de movimientos fascistas de extrema derecha, tanto aquí como en toda la Unión Europea. Es también una de las razones por las que Occidente no va a hacer nada en Siria más allá de una financiación limitada y apoyo simbólico a múltiples facciones de la oposición. Lejos de ser una conspiración largamente planeada, no es más que una estrategia de “tirar mierda al cielo y ver si le cae a alguno”.

¿Y cómo? ¿No era este el "Nuevo Siglo Americano"?

Los poderes, tanto a nivel regional como internacional, están llenando los vacíos que deja EE.UU. en su decadencia. En ninguna parte se hace sentir más intensamente esto que en Oriente Medio. Arabia Saudita invade Yemen; Israel continúa incursiones en Gaza; Rusia juega un papel central en la defensa del régimen sirio. Hay multitud de aliados de Estados Unidos (a menudo peleando en lados opuestas) en la guerra de Siria. Todos estos movimientos han ocurrido a pesar de los verdaderos deseos de los EE.UU., que no quieren una nueva escalada en una región donde su poder ha venido decayendo desde su derrota en Irak.

En lo interno, la gente que se había preparada para beneficiarse del poder de Estados Unidos a largo plazo –la América blanca, por ejemplo- está sintiendo que tal vez que tengan que soportar un estilo de vida diferente en el futuro. Su miedo incluso a un ligero descenso social, mezclado con expectativas de mejorar sus privilegios, está impulsando la agenda de la extrema derecha, que ha eclipsado con éxito las ideas conservadoras tradicionales, ahora con un programa neofascista que aparece en primer lugar en los EE.UU., Austria y el Reino Unido.

Trump admite -más o menos- esta decadencia relativa, cuando pinta una imagen de un Estados Unidos donde "todo está mal" y  "vamos perdiendo". Incluso los recientemente renovados son, para él condiciones de "tercer mundo". Aunque esta descripción sea una mitología flagrante (los EE.UU. está bastante bien en cuanto a la técnica de las instalaciones de los aeropuertos y viajes seguros), podría sonar cierta a los que piensan que el país está cayendo a pedazos.

La idea de que el país se está deteriorando respalda la imagen de Trump una Norte América de Trump al borde de la extinción, y justifica su mentalidad de estado de sitio Su campaña se basa en la de su impulso. Mientras el declive de la hegemonía es una realidad inevitable, un final catastrófico de EEUU a corto plazo es una ficción inventada por las mismas personas que niegan la existencia del cambio climático y juran que Obama es un musulmán en secreto.

Sin embargo, hay varias generaciones educadas para creer que su época sería mejor que la de sus padres, y sus sueños se hicieron añicos. Esa creencia, que supone que EEUU gobernaría el mundo durante un largo porvenir, no está apoyado en la realidad. A pesar de los gobernantes de varias generaciones han desparramado soldados en todo el mundo, construido bases militares y pactos comerciales diseñados para consolidar acuerdos económicos que favorezcan a las corporaciones norteamericanas, ya no ven un futuro favorable.

Parte de la pérdida del lugar en el mundo de los EE.UU. se debe a  la naturaleza misma de la globalización corporativa: Va contra de los estados-nación. Las multinacionales, al momento de la verdad, no tienen lealtad hacia ningún país. Por esta razón Halliburton, querida de Dick Cheney, trasladó sus oficinas corporativas a los Emiratos Árabes Unidos. Por eso Trump no podía admitir no tener una estrategia para evitar que las empresas "americanas" trasladasen sus fábricas al extranjero. No se puede tener capitalismo neoliberal y además la legislación que impida cosas como la externalización y la fuga de capitales. Trump, al final de cuentas, es un hombre de la corporación y no del país. Es uno de ellos, y Clinton trabaja para ellos.

Ese lunes por la noche, Trump admite algo además del hecho notorio de no haber pagado impuesto a la renta: Estados Unidos está "perdiendo frente a China." Cómo va a combatir esto es todavía un misterio, a pesar de que afirma oponerse al Tratado Trans-Pacífico (TTP), porque para él este acuerdo no es lo suficientemente pro-estadounidense. Clinton afirma que también se opone a ese tratado, probablemente, con la esperanza de que el Obama encuentre una vía rápida para imponerlo, y así no tener que probar verdaderamente su oposición. Básicamente, ella está pasando la pelota antes de haberla recibido. Trump tal vez lo mismo.

De cualquier manera, hay una razón para que el TTP no incluya a China. Está diseñado para un tipo específico de comercio centrado en Estados Unidos que, como la lucha por Asia después de la Segunda Guerra Mundial, se trata de la dominación económica y política en la región. Pero los acuerdos comerciales como el TTP están diseñados contra las instituciones de los Estados-nación. Están diseñados para las empresas "paraestatales", que busca ejercer una mayor influencia sobre los gobiernos occidentales que la que tienen los votantes.

Es una "Trampa-22" para los políticos que juran lealtad a los EEUU, pero dependen en gran medida de las corporaciones. Y puesto que la codicia comanda muchas de estas decisiones, simplemente no se puede detener el proceso. Así, la serpiente se muerde la cola.

El espectro de la dominación china no es juguete, ni tampoco es el viejo "peligro rojo" contra un estado pseudo-comunista que solo existe en el "Trumpismo" bizarro engendrado en la propia cabeza de este demagogo; es una realidad económica que amenaza al "modo de vida americano", que disfrutó la mítica holgura económica (o al menos se la gastó por adelantado) de la parte blanca del país. La memoria histórica de esta forma de vida, resumida por Trump  como "la Gran América", es fuerte. Y si acaso existió una vez, en la década de 1950, lo fue sólo para unos pocos racial y económicamente seleccionados. Aún así, su imaginería tiene una fuerza convincente, y la promesa de Trump de "volver" a ella capta a muchos de corazón blanco.

Pero no son sólo los de arriba los que tienen miedo. Un cambio en la economía mundial que saque a los EE.UU. de la cumbre también afectaría al resto del país mediante la fijación de los precios que pagamos por la comida, la ropa, y otros artículos de primera necesidad y de consumo en un entorno comercial posterior a la era del comercio centrado en Estados Unidos. La discusión debería ser sobre cómo convivir con esto con humildad, y equilibrar la distribución desigual de los recursos en este país, de manera que esto no termine en algo parecido a las guerras internas catastróficas que se produjeron con la decadencia de los imperios europeos.

Mientras Trump invoca la decadencia sin nombrarla, Clinton la ignora o la niega. ¿Por qué?

Debido a que toda su política en septiembre está diseñado específicamente para mantener la ilusión de la supremacía de Estados Unidos. Es una versión macro-política de lo que el activista de la Nueva Izquierda de los '60 Rennie Davis llamó "el mundo de los espejos", intentar crear una realidad por el recurso de convencer a la gente que eso ya existe. Esta ilusión se ajusta perfectamente a la economía de Wall Street, que a su vez está basada en principios similares: los esquemas de Ponzi son diseñados para crear realidades sobre la base de la percepción, el miedo y la expectativa. [Nota: Un esquema Ponzi es una operación fraudulenta de inversión que implica pagar intereses a los inversores con su propio dinero invertido, o con el dinero de nuevos inversores, o sea la clásica "bicicleta" financiera]. Clinton cree que hablando como que sigue habiendo hegemonía de Estados Unidos, se puede mantener su continuidad

Debido a la profundidad de la crisis, las promesas de ambos candidatos, con toda seguridad van a caer en la misma en la sartén. Sólo una alternativa basada en un cambio drástico de la política exterior estadounidense, destinada globalmente al beneficio mutuo de todo el pueblo, podría impedir que la desestabilización actual llevase a un nuevo orden mundial basado en el dominio de unos pocos sobre la gran mayoría. Diferentes jugadores podrían tomar el control, pero no hay razones para creer que tendrían una mejor moral o enfoque diferente del juego.

A la sombra de esta decadencia, especialmente entre la izquierda política, son frecuentes las teorías conspirativas de que la clase política está siempre en el control y los acontecimientos mundiales siempre benefician a los que los instigan. Irak es un ejemplo perfecto de la falacia de este control perfecto. Fue una guerra lanzada por un torpe, una política exterior desesperada para establecer puntos de apoyo en una ubicación estratégica importante. El resultado fue una derrota militar. Por otra parte, los contratos de petróleo hechos posibles por el respaldo por el Fondo Monetario Internacional a la "Ley del Petróleo" que favorecían a las corporaciones occidentales, fueron redireccionadas a Rusia y China por el nuevo gobierno iraquí, ya que el nuevo Irak se ha posicionado políticamente más cerca de Irán, y además  parece más interesado en hacer negocios con China que en los EE.UU. Esto no era precisamente el plan.

Mientras que muchos votantes conservadores sostienen que los EE.UU. han llevado la democracia a lugares como Irak, no muestran entusiasmo por la democracia real. La crítica de la ONU y la OTAN hecha por Trump es básicamente que no son instituciones estadounidenses. En cambio Clinton las apoya y lo justifica porque son lo bastante "americanas" para sostener el juego a largo plazo.

Trump quiere juego rápido. La guerra está bien si es rápida, eficiente, y si ganamos. Su problema con Irak no es que fuese una guerra equivocada; es que los EE.UU. perdieron.

Pero esa posición frente a Irak es una señal de que el mundo ya ha tomado conocimiento de la decadencia de Estados Unidos, a pesar de vivir todavía bajo ese poder menguante, y está empezando a salir gateando por debajo de ella.

Al final, para ambos candidatos en ese lunes de noche, el debate sobre estas instituciones internacionales fue más bien sobre lo que puedan beneficiar a los EE.UU., no al ancho mundo. Por supuesto, ya sabemos que la ONU no es una institución modelo, y pide reformas drásticas, mientras que la OTAN simplemente pide a gritos su abolición. Aún así, no fue la actuación de estas instituciones lo que era tema del debate sino la idea que se tenga de ellos: la alianza global con gobiernos que sean socios interactuando no se ajusta a la visión del mundo del machista carente de empatía Donald Trump. Y para Hillary Clinton, la justificación de esas instituciones internacionales es su deseo en que sean socios de un programa que prolongue la agenda de Estados Unidos. Pero el mundo sigue sin estar involucrado en el asunto.

Por desgracia, para ambos candidatos la pregunta es cómo mantener la hegemonía mundial de los EE.UU., no sé si debe prolongar o no

----------
Ryan Harvey es un músico, escritor, activista y cofundador de los Firebrand Records. En febrero fue voluntario en el Movimiento de Solidaridad de los refugiados en Lesbos, Grecia