por Detlef Hartmann
Este trabajo Publicado en Anarkistisk Tidstrkift (AT) [Periódico anarquista], Estocolmo, abril de 1995, tiene 30 años, y está muy vigente por eso consideramos importante hacerlo conocer una vez mas en 2 entregas
Traducido del sueco por Luis Sabini Fernández. Los textos entre corchetes pertenecen a la traducción.Extraído de la compilación, de origen alemán Neuer Internationalismus und IWF-Kampagne, Bremen, 1988.
Publicado en castellano en futuros, con la ese bien puesta, Río de la Plata, octubre 2000.
En el momento actual tiene lugar algo sin parangón. Millones de enfermos, muertos de hambre y asesinados reciben seguridades y los certificados correspondientes de los asesinos y sus colaboradores en el sentido de que ellos son inocentes respecto de tales muertes y miserias. Reciben de ese modo un compromiso póstumo de que de ahora en adelante se harán los mayores esfuerzos para modificar el estado de cosas.
Es decir, que se volcarán las mayores energías para modificar el arma asesina (¿tal vez un caño nuevo, un silenciador, tal vez incluso toda un arma nueva?). Hay premura para asegurar que los asesinos se han comportado hasta el momento actual de un modo que no ha sido el mejor. Y se buscan los sustitutos dentro de lo mismo.
¿De qué estoy hablando? Me refiero a los que peroran sobre "la miseria no provocada" o "natural" y sobre los fracasos del sistema económico global sin preocuparse por encontrar las causas. Actitud totalmente acorde con el interés del capital por las ganancias y que libera a sus titulares de toda responsabilidad puesto que se está procurando llevar a cabo reformas de la situación aunque en realidad se quiere dejar en pie el viejo estado de las cosas. El propio carácter unívoco de la historia del sistema económico occidental —que se inicia con la conferencia en BRETTON Woods y la fundación del Fondo Monetario Internacional y la del Banco Mundial— tendría que hacer imposible siquiera mencionar la eufemística palabra "reforma"
Cientos de millones de muertos por hambre, un desastre social de un alcance jamás conocido, corrientes de millones de refugiados que derivan por los continentes al ritmo del látigo económico que las condiciones del FMI imponen: esto no representa ningún fracaso en absoluto.
Se trata del resultado buscado por la última inmensa "reforma" dentro de la economía mundial, que a la vez era también el objetivo verdadero con la Segunda Guerra Mundial. Y cuando los afanosos reformistas de la hora procuran reformar esta reforma, eso quiere decir únicamente que están ajustando todavía más los mecanismos del aparato montado.
Casi todas las teorías que en la actualidad prueban la inocencia de todos nosotros parten de la base que el sistema montado en BRETTON Woods edificó los cimientos para un largo período de bienestar, tan bienvenido como imprevisto. Eso sucedió en relación con el afianzamiento del fordismo (o del keynesianismo); ahora, por el contrario, nos dicen, presenciamos una fase de cambios radicales. Pero: lo que estas finas formulaciones velan es que no se trataba de una onda larga de bienestar y que en realidad no había nada de sorprendente en la larga onda de desarrollo y genocidio: que de lo que se trata es precisamente de una combinación de bienestar y miseria.
Cuando Harry Dexter White, ejecutivo líder en el ministerio financiero de Morgenthau, festejaba haber logrado plasmar sus ideas sobre el FMI y el Banco Mundial en BRETTON Woods en 1944, en realidad estaba festejando una idea que él ya había desarrollado a principios de 1940 en un boceto acerca de un "cartel panamericano". Dicho boceto no era sino una copia del nuevo orden socialista nacional (nazi) [o como se dice habitualmente, con una traducción defectuosa al castellano, nacionalsocialista] en Europa. La imitación era tan patente que Culbertson, ex-secretario de estado de los EE.UU. y experto sobre América Latina, pudo únicamente encontrar esta lacónico comentario: "outhitlering Hitler" [algo así como: superar a Hitler en su misma ley]
Cuando Keynes, que desde comienzos de la guerra había coordinado toda la economía inglesa, en 1944, ponderando sus propios esfuerzos para configurar la economía mundial, lleva adelante las ideas principales de su modelo sobre un Clearing Union [Unión compensadora], muy pocos sabían entonces que él —que admiraba desembozadamente las nuevas técnicas del imperialismo económico nazi— estaba haciendo propaganda de una copia del Zentralclearing, que pertenecía al nuevo orden nazi. El Zentralclearing, era el núcleo técnico financiero en la reorganización nazi del imperialismo, un organismo que combinaba abiertamente el desarrollo agrario con el exterminio de individuos "superfluos", que combinaba la racionalización de la agricultura con el aplastamiento de medios de vida y la movilización de trabajadores nomadizados en función de los nuevos centros industriales. El proyecto nazi se dirigía a corto plazo a crear ganancias en una nueva escala produciendo una enorme racionalización de la sociedad. Todo esto era conocido cuando Keynes y White procuraron copiar y trasladar las estrategias de desarrollo y los instrumentos tecnicofinancieros del nazismo a una escala global
Esta parte de la historia se ha descuidado sistemáticamente en todas las descripciones históricas después que la máquina de guerra nazi fue frenada en las afueras de Moscú, cuando se produjo un vuelco en la guerra. No es difícil entender porqué, porque la verdad habría borrado de un plumazo todo aire inocente a la ola de reformas que se estaban llevando adelante
Pero la verdad es decisiva para nosotros. Es a partir de ella que cada uno de nosotros tiene que elegir. O estamos con los que ayudan a reformar la máquina de asesinar o con los que luchan contra ella. Se trata de una decisión tanto política como moral, que no se hace más fácil porque hemos vivido largo tiempo de los frutos de esa máquina [recordamos que se trata de un autor alemán] Claramente no es sino en el momento actual, de crisis, que nos podemos sentir dispuestos a movilizarnos por esto, pero es precisamente también en estos momentos que se hace más fácil llevar adelante los planes de reforma.
Digno de tener en cuenta. La prehistoria del FMI y del Banco Mundial no es la historia de una conspiración asesina. El capital no asesina por placer o por razones conspirativas. Es algo peor que eso. Esclarecidos reformistas reconocen que el FMI a través de los dictados de integración al mercado mundial ha hecho polvo las condiciones para el sostenimiento de las clases bajas, con las consecuencias de hambre y destrucción. Reconocen también que estos dictados son una prolongación de la racionalización de la agricultura y la industria en la periferia del mercado mundial, que tiene lugar para beneficio del capital de las empresas transnacionales... Pero este desmantelamiento y destrucción eran el objetivo preciso tanto para la Alemania nazi como para los EE.UU. y la Gran Bretaña, y el instrumento fue desde el comienzo lo que se ha dado en llamar "el desarrollo"
Es el núcleo racional en la estrategia de desarrollo, con ayuda de nuevas tecnologías, el que logró extraer rendimiento económico de la destrucción social. Un rendimiento que a través del intercambio desigual nutrió el crecimiento del capital en los países metropolitanos y por cierto también nuestro "bienestar"
EL NUEVO ORDEN COMO ARMA CONTRA LAS CLASES BAJAS
El overkill de la ingeniería social sólo puede entenderse en una perspectiva histórica [overkill significó originariamente la capacidad almacenada por una potencia nuclear para aniquilar varias veces la población de un posible país contendiente. Exceso de muerte. O de muertos.] Me voy a limitar a esbozar los momentos más significativos de la historia del nuevo orden; aquellos que son valiosos en la discusión actual acerca del FMI y la crisis de la deuda externa
Tanto el nuevo orden alemán en su momento como el nuevo orden de los EE.UU. inmediatamente después, constituyeron una reacción a la enorme crisis económica de la década del 30 y surgió en ambos casos en las fracciones más desarrolladas de los capitales monopólicos de los países respectivos.
La acumulación de capital quedó bloqueada tanto en las metrópolis como en la periferia imperial. Aun cuando no pueda incursionar con detenimiento en esto, quiero sin embargo destacar que la competencia entre diversas fracciones de capital no fue la causa principal para ahogar el surgimiento de nuevos sectores de crecimiento. Fue por el contrario la resistencia múltiple de las clases bajas la que obligó al capital a reorganizar los fundamentos para su actividad comercial, primero en un nivel regional y luego con alcance global (En lo que tiene relación con Alemania, Tim Mason particularmente, ha mostrado el fenómeno en muchas publicaciones; en cuanto a los EE.UU. no existe hasta ahora ninguna investigación a fondo. Pienso mostrar, en otro contexto, que la agudización de la lucha de clases entre 1935 y 1937, con ocupaciones de fábricas, por ejemplo, contribuyó drásticamente a agravar la crisis económica en 1937-1938 y obligó al capital —incluso en los EE.UU.— a buscar nuevos diseños para la economía mundial.)
Por el momento, es más interesante enfocar el bloqueo de la acumulación de capital a escala imperial. Pero entonces tenemos que reflexionar acerca de las condiciones sociales y económicas que se encuentran más allá de la mira de una terminología económica burguesa si queremos entender lo real, el carácter social en los obstáculos para la acumulación de capital. No alcanza con razonar en términos de "países explotados" y "escasez de mercados para la colocación", puesto que de ese modo se deja de lado una parte importante de la zona de conflicto. Naturalmente, se puede sostener que el capital para su supervivencia necesita siempre conquistar nuevos mercados, expandirse en nuevos mercados, pero que durante la década del 30 había obstáculos para semejante expansión. Pero esta hipótesis no toma en cuenta la relación decisiva: que el crecimiento de la producción y la explotación de la fuerza de trabajo en las metrópolis dependían de una explotación acrecentada en la periferia. Y era precisamente esto lo que el capital y sus propagandistas científicos aprendieron mientras la crisis se iba acentuando.
Se hacía necesario aumentar el rendimiento en "el Tercer Mundo" para garantizar y fomentar el crecimiento en las metrópolis. Pero de las formas coloniales entonces vigentes en la producción agrícola no era posible extraer mayores rendimientos. Por otra parte, el colapso del comercio mundial fue aprovechado por una nueva clase burguesa nacionalista cuya acumulación de capital en parte se emancipaba las metrópolis. En la década de 30, en los círculos de gobierno de Occidente se repetían las quejas acerca de que los nuevos inversores en muchos países periféricos se habían separado de un modo peligroso. Se condenaba el "nacionalismo económico"
La crisis de acumulación en las metrópolis podía entonces ser superada únicamente a través de un nuevo proceso de desarrollo dependiente, tanto dentro de la agricultura como de la industria. Era de ese modo, que la crisis se presentaba en el mundo de representaciones del capital. Al mismo tiempo había otra razón decisiva para el bloqueo a la acumulación de capital: la amenaza de revolución social que surgía de la actuación de las clases bajas. Para clarificar este aspecto voy a concentrarme en esta área precisamente, que es la más importante: revolución social contra explotación dentro de la agricultura
LA REVOLUCIÓN SOCIAL COMO EL OBSTÁCULO DECISIVO
En la crisis económica global se confrontó dramáticamente el capital con el carácter social del obstáculo para su producción, es decir con el potencial revolucionario de la capa social más significativa en el concierto de naciones de la época: los pobres del campo. Dos tercios de la población mundial de entonces estaban ligados a la producción agrícola, en "el Tercer Mundo" rondaba el 80%. La mayor parte de ellos —se podría decir que casi todos estos cientos de millones de seres humanos— pertenecían a la modalidad de la economía doméstica de subsistencia, con sus condiciones sociales y técnicas. Se trataba de aldeas autosuficientes, con arrendamientos y cargas como las que se pagaban a la aristocracia y a los dueños de tierras. Circulaba una cantidad menor de productos por los mercados locales. Hasta los trabajadores de las plantaciones coloniales eran jornaleros o arrendatarios y vivían junto con sus familias en el marco de una economía doméstica de subsistencia en la cual las mujeres desempeñaban un papel destacado. Estas formas regían incluso para la mayor parte de los trabajadores zafrales que se desempeñaba en la artesanía y la industria.
La forma dominante para la producción y la reproducción social era la aldea comunal, "semicomunista" o de "comunismo rural", que estaba organizada de un modo similar en todo el mundo (con la salvedad del enorme deterioro que había sufrido con el sistema de arrendamientos). En Yugoeslavia la comunidad aldeana se llamaba zadruga (todavía en la década del 30 había alrededor de 90.000 zadrugas), en Rusia mir u obsjina y en México ejido. Todas se caracterizaban por poseer anticuados medios técnicos de producción (como por ejemplo bueyes y arados de madera), por la tendencia a adaptar la producción a las necesidades (el aumento de tierras cultivables solía acompañar el crecimiento de población), por la ausencia de propiedad privada del suelo (en general no se permitía la venta de tierras), por la amplitud de las tierras comunales dedicadas al cultivo común y por normas consuetudinarias que habrían de garantizar la supervivencia de la aldea en caso de escasez de alimentos. Todas esas características limitaban la producción de excedentes y con ello dificultaban el ingreso a una economía de mercado. Estaría fuera de lugar romantizar la vida aldeana (existe una línea histórica fatal que pervive hasta la Segunda Guerra Mundial y el intento de los fascistas de retornar a la vida aldeana). Pero lo que importa es que los conflictos revolucionarios —como por ejemplo la revuelta rumana de 1908 o los cientos de insurrecciones que constituyeron el motor verdadero de la revolución rusa— mostraron con nitidez que las formas tradicionales de aumento de los rendimientos tenían un límite infranqueable: la garantía de la supervivencia de las clases bajas.
Un aumento de los arrendamientos habría significado que los seres humanos afectados eran desechados porque desde el punto de vista de la explotación eran consumidores superfluos. Pero semejante tipo de medidas estaba condenado al fracaso en tanto la red de protección social que constituía la misma sociedad aldeana, que garantizaba la vida de todos, tuviera fuerzas. Además naufragaba todo intento de introducir técnicas nuevas —en parte a causa de su conexión con los intentos de aumentar los rendimientos—.
La confrontación entre por un lado los intereses del capital y por el otro la presión económica de las clases bajas y su defensa del derecho a la existencia no apareció sólo durante las revoluciones, las revueltas y los levantamientos. Incluso las torpes reformas hechas para domeñar a las clases bajas —por ejemplo las reformas agrarias y los programas de división de tierras que aseguraron la Paz de Versalles en Europa durante la década del 20— fueron signos de la falta de fuerzas del capital y de sus agentes ante las clases bajas rurales. Las diversas variantes de reforma agraria, que se basaron en la división y reasignación de títulos de propiedad, tendieron a achicar todavía más el excedente explotable.
No hay espacio para desarrollar la trabazón existente entre la confrontación del capital y el potencial revolucionario social por un lado, y por el otro la crisis de la economía mundial. Pero está claro que las condiciones para la explotación empeoraron todavía más con la crisis. Y llegó un momento en que ya no se pudieron devolver los créditos de la deuda externa, créditos con ayuda de los cuales los EE.UU. habían subvencionado su propio aumento de exportaciones: ya no se podía extraer más ganancias de las clases bajas de la periferia. La suspensión de los pagos de la deuda, sobre todo en América Latina y en Europa del Sur, fue la forma mediante la cual el desánimo de las clases bajas repercutió en las metrópolis.
De lo que se trata es que la dinámica de la acumulación de capital había sido bloqueada en la periferia y los obstáculos eran al mismo tiempo tecnológicos, económicos y sociales, sin que puedan diferenciarse unos de otros. Survey of International Affairs de Londres distinguía a principios de la década del 30 una situación pre revolucionaria agudizada en el sur europeo, en tanto que los EE.UU. estaban amenazados en varios frentes: por las huelgas "revoltosas" de los trabajadores campesinos mexicanos [chicanos] que tuvieron lugar en los años de 1934 y 1935 y se expandieron por toda California; por la revolución sandinista y por los levantamientos campesinos cubanos de 1933 (que fueron el verdadero motor de la revuelta cubana de ese mismo año). Por todo ello, la acumulación de capital, la supervivencia del sistema capitalista dependía de una política que se fundara en el aplastamiento de las bases sociales de las clases bajas rurales, y ello con alcance global. Los fundamentos sociales y culturales de dichas clases habrían de ser destruidos, los que resultaran "superfluos" tendrían que ser expulsados y los recursos así liberados podrían usarse en inversiones productivas. Si el capital iba a de sobrevivir, dependería de que una ofensiva de racionalización de alcance mundial fuese exitosa.
Esto da los antecedentes y la función que tiene "la ayuda al desarrollo", en su carácter de arma de clase, social y tecnológica. Inversiones en la agricultura, préstamos, racionalización, ruina social, expulsiones y la creación consiguiente de corrientes masivas de refugiados compuestas por individuos "prescindibles", y finalmente la creación de una "riqueza" con valor económico que se convirtiera en crecimiento de las metrópolis (en donde el aumento del estándar de vida se convirtió en una idea fija), todo esto no es sino diferentes expresiones para una misma estrategia. Una estrategia que por último llega a la política de sacar de en medio a aquellos grupos de expulsados que carecen de función económica, eliminándolos físicamente: en campos de exterminio (la variante nazi), en campos de muerte por hambre en regiones desoladas (como fue la variante "liberal" de posguerra)
EL DESARROLLO EN EL MARCO DEL TERCER REICH
Ya a mediados de la década del 30 IG Farben, que había recibido una nueva función como agencia central para los planes cuatrienales, sacó sus conclusiones de los obstáculos a la explotación que existían dentro del sector agrícola y del químico. Se trataba de la primicia mundial para la mortífera estrategia de la soja, presentada al mejor estilo "revolución verde para ayudar a los pobres". IG Farben envió columnas de expertos en agricultura y consejeros en ayuda económica a Europa del Sur, donde fueron bien recibidos y apoyados por las burguesías locales. Ellos habrían de crear las condiciones para un cultivo en gran escala de soja y otras oleaginosas, al mismo tiempo que se preparaba el otorgamiento de líneas de crédito. Se eligió a propósito tales plantas, cuyo rinde económico, en calidad de cash crop [cosecha que se puede vender al contado], estaba garantizado porque no pertenecían a la dieta humana básica y por lo tanto no corrían el riesgo de ser consumidas por "las bocas superfluas" (como se decía en ese tiempo). Esta ayuda a "países en desarrollo" constituía el núcleo de una estrategia de desarrollo en la cual por ejemplo Tengelmann entraba al comercio con oleaginosas y Reemstsma cuidaba la ampliación de los cultivos de tabaco —otra cash crop— en Bulgaria y Grecia. Paralelamente se inició la extracción de materias primas para la industria sobre la base de créditos financiados. A la postre se trataba de un método de formación de capital cuya configuración tecnológica tenía como mira la destrucción de las bases de la economía de subsistencia.
A partir de tales medidas se inició un proceso de desarrollo dependiente que a través de su concentración en una región determinada quedó a resguardo de la competencia imperialista del capital inglés y del americano [norteamericano]. Este aislamiento constituyó al mismo tiempo el marco funcional que aseguró el ejercicio del poder político, económico, social y técnico en una región unificada y entrelazada. La dinámica de la crisis en la estrategia de acumulación nazi obligó finalmente a asegurar estos marcos de funcionamiento militarmente, a través de una serie de guerras-relámpago, únicamente para aumentar todavía más las medidas de racionalización. Ya en los primeros días después de la invasión a Polonia se comenzó —de manera abierta, a los ojos de todo el mundo— un programa conjunto de racionalización a nivel regional. En ese programa se sustituyeron instrumentos civiles propios del "proyecto de asistencia" por medidas militares o sólo se intensificó las primeras con la ayuda de las últimas. El exterminio y la expulsión de judíos y polacos no judíos en la zona ocupada se ligó de un modo estratégico con la racionalización de la administración, la producción y la reproducción. El objetivo era "tamizar" y sacar a luz a los trabajadores extranjeros y dejar morir a los restantes, primero en campamentos de trabajo y luego en campos de exterminio. Los cambios en la composición de las clases bajas fueron organizados de allí en adelante en una escala internacional, con nuevas ambiciones de política poblacional. Se creó un ordenamiento piramidal donde el nivel más alto estaba ocupado por los capataces alemanes, luego iban los trabajadores extranjeros importados y por último los que eran elegidos para el exterminio en "IG Auschwitz" y en los campos de concentración (las ligazones tecnológicas y económicas entre exterminio y desarrollo en la política agraria nazi en Polonia han sido muy bien documentadas en un trabajo de Susanne Heim y Götz Ali, Ein Diener der Macht).
La nueva división internacional del trabajo, con la producción de mercancías de capital en las metrópolis y extracción de materias primas y producción semi manufacturera en la periferia, creó las bases para la dinámica de desarrollo dependiente. El mecanismo de mediación tecnico financiero en este nuevo orden es el ya nombrado Zentralclearing, más tarde devenido Clearing Union. Fue el modelo que más tarde se extendió hacia todas las regiones nuevas que se conquistaron. Se conformó como una maquinaria crediticia supranacional y sin limitaciones, que atendía el trasiego de las ganancias desde la periferia y gestionaba créditos a largo plazo desde las metrópolis, de las más variadas dimensiones, por ejemplo, para proyecto de desarrollo. Era un sistema de cambios fijos dominado por la divisa líder, el marco alemán, y anticipó muchos de los rasgos definitorios del sistema de BRETTON WOODS que le sucedería. Aquí únicamente voy a nombrar el dictado de ajustar los cambios a que estaban obligados los bancos centrales de los países circunvecinos y durante su corta existencia anticipó casi todas las tendencias desarrollistas que se vuelven a encontrar en el sistema de BRETTON WOODS durante más de dos décadas después de la Segunda Guerra Mundial. A través del dictado del ajuste del curso de las divisas se podía por ejemplo exportar la inflación desde la metrópolis hacia la periferia; de ese modo se inició un traslado escondido de ganancias hacia las metrópolis al mismo tiempo que surgía una masa de crédito para la exportación de capital. El carácter imperialista de Alemania se hace más patente con el Zentralclearing, sostuvo Franz Neumann en Behemoth. Es uno de los pocos autores que ha hecho un enjuiciamiento verdadero del significado central de esta institución (exceptuamos naturalmente a todos aquellos que la volvieron a crear después de la guerra). Zentralclearing estaba concebida para funcionar como el motor tecnico financiero que habría de consumar el nuevo orden nazi durante los tiempos de paz. Que fue lo que finalmente pasó, aunque no desde Alemania como potencia principal sino desde los EE.UU. (fin primera parte)