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UNA OPORTUNIDAD INESPERADA

 Marcelo Pereira • la diaria • 20  jun. 2017 

En abril de 2011, el general del aire José Bonilla, entonces jefe del Estado Mayor de Defensa y antes comandante en jefe de la Fuerza Aérea, dijo al hoy desaparecido diario Últimas Noticias que ningún militar iba a aportar información sobre el terrorismo de Estado si no se le garantizaba impunidad.Si alguien dice la verdad, [...] inmediatamente se lo manda preso. Entonces, no puede haber verdad si hay justicia. Son palabras que una y otra no van unidas”, afirmó. En aquel momento, el ministro de Defensa Nacional, Luis Rosadilla, le aplicó a Bonilla una amonestación por haber realizado expresiones de carácter político que le estaban vedadas. El alto oficial presentó un recurso contra la sanción y alegó que sus dichos no habían sido “apreciaciones políticas”, sino expresiones “desde el sentido común”, que reafirmaba.

Y aún las reafirma, ya retirado y mientras considera una invitación a convertirse formalmente en político, que se le planteó desde el Partido Colorado: reiteró su opinión ayer de mañana, entrevistado en la radio El Espectador. El problema con el “sentido común” de Bonilla es que, según arguye, el país “se perdió una gran oportunidad” de que hubiera, si no justicia, por lo menos verdad, justamente en aquel 2011, cuando se declararon imprescriptibles los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura. Lo que no parece tener en cuenta el general del aire es que durante un muy largo período previo, desde la aprobación de la ley de caducidad, esa norma garantizó la impunidad de los criminales y, sin embargo, la información brilló por su ausencia. Lo que mostraron en realidad los hechos es que quienes saben lo que pasó prefieren no pagar ni siquiera el precio de revelarlo

En todo caso, el asunto que desvela a Bonilla en estos días no es la posibilidad de que se esclarezcan crímenes. Según informó la semana pasada el diario El Observador, se viene reuniendo con dirigentes políticos para tratar de convencerlos de que el proyecto de reforma del Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas que envió el Poder Ejecutivo al Parlamento tendría “consecuencias negativas”. Entre estas, incluye el riesgo de que haya una estampida de renuncias del personal sanitario del Hospital Central de las Fuerzas Armadas (más conocido como Hospital Militar). Quienes cumplen funciones allí están asimilados, incluso con grado, a las Fuerzas Armadas y, por lo tanto, en la actualidad se jubilan con los mismos beneficios que los uniformados. Lo que dice Bonilla es que si pierden la expectativa de esa recompensa, “ya no sería atractivo” para ellos trabajar en la institución, y “se va a ir todo el mundo”, para “evitar que los agarre la nueva ley”, antes de que esta entre en vigencia el 1º de enero de 2018.

Para peor –desde el punto de vista del general del aire retirado, claro está–, la ausencia de estímulos para revistar en las instituciones castrenses no sólo va a ahuyentar a médicos, enfermeras y demás civiles asimilados en la Dirección Nacional de Sanidad de las Fuerzas Armadas, sino también a los propios militares: desde los que tienen altas responsabilidades, y van a preferir cosechar ya el fruto casi maduro de su jubilación especial, hasta el personal subalterno que, una vez retirada la zanahoria de esos beneficios de retiro, no tendrá incentivos para seguir en su sacrificada profesión. De modo que, según dijo en El Espectador, “este proyecto tiende a que las Fuerzas Armadas desaparezcan”

Hay que reconocer que, en este tema, Bonilla lleva a la práctica su tesis: los beneficios de retiro militares no serán justos, pero por lo menos hay que decir la verdad sobre ellos. Y la verdad, según el general del aire, es que –para decirlo en forma edulcorada– por dinero danza el simio. O sea, que más allá de la retórica sobre la patria y la disposición a inmolarse para defenderla, el espíritu de servicio, los valores Artiguistas y la esencia de la orientalidad, sin la promesa de una considerable recompensa material, muy pocas personas permanecerían en las Fuerzas Armadas o ingresarían en ellas.

Si las cosas son como dice el general del aire, quizá el país esté hoy, realmente, ante “una gran oportunidad” que no debería desperdiciar: la oportunidad de una reducción drástica de las Fuerzas Armadas que, además de aliviar las cuentas del Estado, depure a esa institución de quienes sólo están en ella por el interés en un retiro mucho más apetecible que el de la gran mayoría de la población, y permita repensar –con serenidad, rigor y el “sentido común” que Bonilla invocaba– en qué medida, para qué fines y con qué porcentaje del gasto público le conviene a nuestro país mantener militares

 

Matar Dos Veces Al Mismo Pájaro De Un Solo Tiro

Porque a veces son duros de matar, y esta es una oportunidad para pegarle un tiro que lo atraviese, la bala rebote en el muro, y le pegue de nuevo del otro lado.

"Todo el mundo está esperando las señales para presentar el retiro con la ley vieja. En el Hospital Militar no queda nadie", dijo José Bonilla, militar en "situación de desánimo" según sus palabras, que sostiene que "existe la intención de eliminar las fuerzas armadas"

    Bueno, pero podríamos decirlo en estilo Astori, en el presupuesto de defensa "tender" al 0% del PIB, suena mejor así. ?Porque en Montevideo Portal hasta titularon a esta nota "Pelotón de fusilamiento". http://www.montevideo.com.uy/contenido/El-general-Jose-Bonilla-dijo-que-existe-la-intencion-de-eliminar-las-Fuerzas-Armadas-345949

Y yo no tendría que haber llamado así a esta nota porque los militares pueden sentirse perseguidos, no reconocidos en su deber hacia la Patria. Vean si no esta entrevista:

 "El historiador Guillermo Vázquez Franco considera que deberían eliminarse las Fuerzas Armadas ya que no cumplen ninguna función beneficiosa para la sociedad. 'Lo mismo que están invirtiendo en una función inútil podemos invertirlo en algo positivo para la sociedad"
    http://www.espectador.com/sociedad/352691/vazquez-franco-los-soldados-ganan-menos-que-los-policias-pero-a-los-policias-si-los-necesitamos

Y no tenemos más remedio que recurrir a este anti-uruguayo, anti-miliarista y anti-artiguista para que nos traduzca a Bonilla, porque como dice Vázquez Franco los miliares tienen su propio lenguaje: "Ud. y yo nos jubilamos, ellos se retiran"

    Ah, entiendo, Bonilla está hablando de jubilaciones.

Está hablando de los médicos, enfermeros, laboratoristas, radiólogos, nutricionistas, parteras, psicólogos, quinesiólogos, instrumentistas etc que trabajan en el Hospital Militar -un servicio de salud reservado a los militares y sus familiares- que han sido asimilados al escalafón militar sin ninguna otra razón más que para miliquearlos en su trabajo, y que gozan por lo tanto del "privilegio" de servir a la Patria con un régimen especial de jubilación que se les podría terminar, y entonces optarían por jubilarse con el régimen actual y seguir trabajando en su otro u otros trabajos, como pasa con todos los trabajadores de la salud.

    Cuando se conoció esta noticia, todavía estaba fresca la tinta digital de nuestra nota del día anterior "Lo esencial es invisible a los ojos" (Posta N°1781) en la que hablamos de la respuesta del ministro Ernesto Murro a la intención de los funcionarios de ANCAP de mantener el servicio de salud de la empresa por el que pagan, sin detrimento del FONASA por el cual también pagan. Murro sostiene que no se puede, porque solamente pueden haber tres tipos de servicios de salud: FONASA, mutualistas, y seguros médicos privados. Sólo esos tres

 Entonces, recordamos algo que a Murro se le olvida. Existen otras excepciones previstas por la ley del FONASA, una de ellas, la más notoria, el Servicio de Sanidad de las Fuerzas Armadas, u Hospital Militar. Murro se olvidó de este caso

 Pero los hechos, para que no se olvide, se lo recordaron ya al día siguiente, nuestra nota no hubiera sido necesaria. Fue Bonilla el portavoz de esos hechos. Si ese servicio de salud corre el riesgo de quedar desmantelado, es porque ese servicio existe. ¿Y si existe, por qué no puede existir el de los trabajadores de ANCAP?

    La respuesta la encontraremos también en Vázquez Franco: los militares son una supervivencia aristocrática en nuestra sociedad. Y ¿cómo van a pretender los plebeyos ser tratados igual que los aristócratas? Una excepción puede darse para los militares y eso es tan obvio que ni nos acordamos de que existe. Pero para los simples civiles trabajadores no puede haber tales excepciones, ley pareja, igualdad para todos sin excepciones

Si seré ingenuo, cuando vi este título en el Observador (junio 18), "Cómo opera la cobertura de salud con privilegios para dos gremios públicos", pensé? ??que tal vez? el segundo caso, agregado a tan cuestionado de ANCAP (" el gobierno entiende que el mantenimiento del servicio “roza” el privilegio y a nivel general cuesta entender cómo algunos funcionarios públicos tiene?n? prestaciones médicas con una velocidad diferente a la del resto de los trabajadores, y además con un costo adicional que solventa el Estado"),? ??podría ser el de los militares. Por supuesto que no, están hablando del Banco Hipotecario. A nadie se le ocurre que se pueda "rozar" los privilegios militares

De modo que la situación es esta: la reforma del sistema de jubilaciones militares (retiros, en su lenguaje) eliminando algunos de sus privilegios, y sólo parcialmente y con "gradualismo", afecta los privilegios de los militares. He ahí el tiro.

 Y he aquí el rebote?, esto podría provocar que los trabajadores de la salud médicos y no médicos del Hospital Militar renuncien en masa. Y si es así ese servicio podría colapsar. Si tal cosa ocurriese ¿cuáles serían las consecuencias? Dos.

 L?a primera de ellas es que los militares y sus familiares deberían atenderse en las instituciones de salud del FONASA, como el común de los plebeyos civiles de este país. No quedarían sin atención médica. Y en toda la atención médica del país, dentro de ciertos márgenes de variación limitados, la pulpa es más o menos la misma. Difiere la cáscara, la forma en que viene envuelta esa prestación médica.

Dentro de la envoltura de la prestación médica que el presupuesto nacional brinda a los militares, está la hotelería hospitalaria. Y aquí tenemos dos cáscaras diferentes.

La tropa tiene un servicio de hotelería más o menos común, atenderse en el FONASA no cambiaría mucho. Pero los oficiales y jefes, en actividad o jubilados, tienen una hotelería de lujo, con habitaciones individuales con todas las comodidades. Ahí sí tendrían un cambio. Por supuesto, los miliares? en actividad o? jubilados (retirados militares) que cobran muy altos ?ingresos podrían pagar una atención médica privada. Pero ¿para qué? ¡si eso puede ser cubierto por el Estado!!!

 Lo mismo con los tiempos de espera. Los oficiales militares son atendidos sin tener que esperar lo mismo que los plebeyos. Porque si acaso un oficial está enfermo y justo en ese momento estalla una guerra, ¿cómo haría para enviar a sus subordinados a que mueran por la Patria?

 Dice Vázquez Franco? que en lo que ganan los oficiales y jefes no hay que ver solamente el primer renglón del sobre, el sueldo básico, sino que hay que seguir sumando la larga lista de compensaciones que se van agregando, que también pagamos todos. Pero se equivoca Vázquez Franco si acaso piensa que la cosa se termina en lo que aparece en el sobre. Se ha hecho un ruido impresionante por unos gastos que hizo Sendic con una tarjeta corporativa de ANCAP, que no vamos a justificar, pero que son un poroto al lado de todos los bienes y servicios gratuitos que reciben los militares durante décadas de "servicio", casa y comida en los cuarteles pero también en colonias de vacaciones, viajes al exterior, y el combustible de sus autos particulares, y también el servicio médico de privilegio que se extiende a sus familias

 Pero se equivoca cualquiera si piensa que la cosa termina ahí. Mucho ruido también con si se anula o no el delito de "abuso de funciones" y nadie habla nunca del abuso de funciones de los militares que traen cosas de contrabando en esos viajes, del coronel que hace arreglos en su casa particular recurriendo a la mano de obra de soldados de su unidad, y por supuesto con material incluido que se toma de las compras de esas unidades militares. El servicio médico de privilegio es una pequeña fracción, y Bonilla está muy preocupado porque pueda terminarse.

 Nunca jamás Uruguay entrará en guerra, nunca será necesaria ni justificada una atención especial en salud para las fuerzas armadas, que tampoco son ni necesarias ni justificadas. Sin embargo, esas fuerzas armadas participan en la guerra mundial colonial llamada "misiones de paz". Una guerra en la que nunca hay uruguayos heridos de guerra porque no participan en ningún combate, ni quieren hacerlo. Eso no significa que no haya problemas de salud por eso, hay dos. Uno es el peligro de introducción al país de enfermedades contagiosas desde zonas de salud precaria en el mundo. Otro es la llamada "psicosis de guerra" del personal que participa, que se suma a la deformación mental y moral de la función militar en sí misma. Podemos recordar el asesinato de un soldado uruguayo en el Congo por otro soldado de la misma base, o el marino venido de Haití llevado al suicidio por el abuso sexual y bullying de sus "camaradas". Pero todo eso es secreto militar, aunque tal vez tengas entre l@s psicólog@s del hospital militar algun@ que sea amig@ tuy@ y te cuente.

 La segunda consecuencia que tendría el cierre del hospital militar es que muchos trabajadores de la salud, médicos y no médicos, dejarían de estar afectados a ese servicio. ¿Y qué pasaría? Que volcarían ese tiempo de trabajo en otras instituciones de atención médica, en la cual la demanda insatisfecha de quienes presten esos servicios es uno de los grandes problemas, y para pagarles tendríamos los recursos ahorrados en esos servicios de privilegio para militares; tendríamos también los recursos materiales, insumos, equipos e instalaciones. Con todo eso el FONASA podría funcionar mejor. Para todos, para los plebeyos civiles y para los ex-aristócratas "degradados"

Porque todo eso "podemos invertirlo en algo positivo para la sociedad"; se me pegó el lenguaje de Vázquez Franco y hablo del beneficio de la sociedad y no del servicio a la Patria

Todo esto es realmente vergonzoso. Pero la mayor vergüenza es que hablen los hechos, ante el silencio que no es sólo de los ministros, que hablan de "privilegios" de unos plebeyos sobre otros haciéndose los ignorantes sobre este caso. No sólo de ellos ya que ¿por qué en esta coyuntura de "mesura presupuestal" y "racionalización de los recursos y la gestión" nadie ha presentado un proyecto de eliminación lisa y llana del servicio de salud de atención privilegiada, exclusiva e injustificable de los militares?

Ni siquiera estoy pidiendo una izquierda socialista, apenas una izquierda republicana consecuente que quiera eliminar la aristocracia

EL TUCU