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A propósito de la democracia...

Montevideo, 23 de septiembre de 2015

Señor Director:

Vista la creciente conflictividad en este país quizá convenga recordarle a nuestros compatriotas que podemos coexistir sólo de tres modos posibles…: resignándonos a vivir en la beligerancia, la confusión y el desorden, acatando con docilidad o a la fuerza las directivas de algún líder prepotente o aviniéndonos a respetar en forma juiciosa las pautas de conducta establecidas por voluntad colectiva, única fuente real de autoridad legítima en cualquier nación civilizada…; es decir: guiándonos por el ideario democrático…

En relación con esta última opción sería útil hacerles notar además que para vivir en libertad sin quedar expuestos continuamente a desavenencias y a disputas enojosas, perjudiciales y hasta deletéreas, bastaría sujetarnos buenamente a un par de normas…: la primera es reconocernos unos a otros facultades para resolver por cuenta propia y sin interferencias de ninguna clase cuanto sea de nuestra exclusiva incumbencia y la segunda es conferirnos recíprocamente potestades para incidir en forma equitativa ?no siempre igualitaria…? en las determinaciones que se tomen con respecto a cualquier asunto que pudiese afectarnos…

Dicho esto ?siendo que nuestros niveles de gravitación particular en cualquier eventualidad así como los fueros a estatuir universalmente como ínsitos e inalienables para cada uno de nosotros deben ser fijados por consenso y no en función de pretensiones individuales…?, resultará muy fácil para cualquiera de nuestros conciudadanos inferir al instante que todos los problemas originados por la convivencia podrían ser evitados o solucionados en forma definitiva y satisfactoria de cumplirse un solo requisito necesario y suficiente: adoptar en todo momento y en cualquier circunstancia decisiones de común acuerdo en términos inobjetables hasta para el más receloso de nosotros, de manera que nadie pueda siquiera presumirlas controvertibles…

Y eso es ?paradójicamente…? lo que jamás hacemos: interpelarnos mutuamente de modo apropiado para obrar en lo grupal de mancomún ateniéndonos voluntariamente al sentir corporativo; por añadidura hemos cometido la imprudencia de admitir que se otorgase formalmente a un reducido grupo de funcionarios atribuciones privativas y excluyentes para citarnos a testimoniar lo que pensamos en relación con todo aquello que nos concierne…; y según era previsible, quienes deben llevar a cabo ese cometido rara vez ponen a nuestro alcance los medios indispensables para develar nuestras opiniones…; lejos de bregar para que podamos exteriorizarlas oportunamente del modo más expeditivo y sencillo posible, a menudo incluso impiden que las expresemos como sucedió por ejemplo cuando se propuso indagar en Tacuarembó el parecer de los residentes en ese departamento acerca del proyecto minero a cielo abierto que algunos inversores pretendían implantar ahí …; aún cuando aquella ponencia pudo haber desbordado la jurisdicción regional y por más que no habría sido pertinente asumir el dictamen obtenido en tal instancia como vinculante a nivel nacional, es indudable que la postura de quienes habrían de verse conmocionados en forma directa y grave por esa iniciativa constituía un dato de particularísima relevancia para diseñar estrategias gubernativas deseables al respecto…; pero las propias autoridades electorales imposibilitaron que se obtuviera…

Nuestra fatídica realidad en lo concerniente a plebiscitos y a referéndums quedó expuesta claramente por el actual presidente del Banco Central del Uruguay ?el economista Mario Bergara…? en ocasión de una conferencia que tuvo lugar allá por el año 2005 en Washington -Estados Unidos- con el auspicio del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo…; … en aquella oportunidad este funcionario aseguró con descarnado cinismo a quienes oían su discurso que ya no habría en esta República obstáculo alguno a las reformas económicas liberales auspiciadas por las instituciones organizadoras del simposio, por cuanto a pesar de haberse opuesto fervorosamente su partido político a ellas hasta muy poco antes, en lo sucesivo ?habiendo llegado al poder…? las implementaría sin reservas y no habría iniciativa popular que pudiera ponerlas en riesgo, dado que sin la conformidad o el apoyo de su dirigencia ninguna podría gestarse o estarían todas condenadas al fracaso…

Esta innegable supeditación del vulgo a ciertos cabecillas taimados y el conjunto de absurdas normas constitucionales astutamente promulgadas al respecto impidieron sistemáticamente que las consultas públicas propiciaran el surgimiento de una comunidad pacífica, próspera y libre o que favorecieran al menos algún bien social puntualmente…; nunca sirvieron para solucionar problemas concretos o para mejorar nuestras condiciones de vida…; sólo contribuyeron significativamente a incrementar en forma solapada pero muy eficaz la hegemonía y la riqueza de quienes fungen como administradores…

Verbigracia, pese a dos intentos y a un clima de insatisfacción generalizada fueron completamente inútiles para superar el atolladero que se originó al declararse perimida la intención punitiva del Estado en relación con los crímenes perpetrados en tiempos de la dictadura cívico militar y es notorio que hasta la fecha esa rémora legislativa continúa desgarrando trágicamente nuestra sociedad…; su falta de congruencia intrínseca llevó además a frustrar el propósito ?plausible o no…? de 1.110.283 connacionales que anhelaban ver disminuida la edad fijada para la imputabilidad penal, aún cuando es ínfimo el sector de población que verdaderamente rechaza esa medida y por más que a ojos vistas la criminalidad juvenil cunde sin freno…

Empero, semejantes recursos institucionales presuntamente concebidos para viabilizar la democracia directa pudieron ser aprovechados al máximo por las camarillas enquistadas en las más altas magistraturas a efectos de monopolizar el abastecimiento de agua potable y el servicio de saneamiento en toda la nación, apuntando a incrementar el erario que dilapidan a su antojo con los deplorables resultados que hoy padecemos los consumidores en términos de ineficiencia, contaminación, carestía y trastornos en el suministro…; y fueron extremadamente útiles asimismo para conservar como propiedad oficial y por tanto bajo la égida exclusiva de oligarcas y de burócratas a sus órdenes la empresa más poderosa del país, en forma tal que a estos últimos les resultara factible comercializar a precios exorbitantes el pésimo combustible que producen, endeudarla sin límite, malversar su patrimonio, consumar los indecentes y ruinosos negociados que ahora puede observar el mundo entero y lograr ?por el simple ocultamiento de una información que sólo ellos manejan...? la más absoluta impunidad…

Pero más dañinas consecuencias para nosotros y para las futuras generaciones desencadenamos tolerando que nos obliguen a votar para designar mandatarios y legisladores…; basta pensar que debemos limitarnos a escoger entre candidatos propuestos por cofradías que obviamente imponen a sus representantes como condición para brindarles respaldo favorecer a quienes los aúpan, beneficiar a los que financian sus campañas proselitistas, ubicar en puestos de mando estratégico a correligionarios, aliados, compinches, familiares y amigos que les permitan vivir en la holganza enriqueciéndose descomedidamente y ?en suma…? desarrollar entre todos ellos y a cualquier costo una gestión conducente a perpetuarlos en los cargos de preeminencia…

Todo esto mediante un procedimiento de sufragio disparatado, extremadamente oneroso, innecesariamente complicado, metodológicamente delusorio y cuya muy encomiada confiabilidad y transparencia derivan simplemente de la capacidad para fiscalizar que los organizadores reconocen a los involucrados en cada evento, si bien para éstos a menudo es prácticamente imposible hacer valer…; comicios en los que para colmo son obligadas a intervenir bajo amenaza de sanciones y multas personas carentes de interés en las cuestiones de carácter cívico, palmariamente desprovistas de conocimientos adecuados para identificar las mejores alternativas disponibles y que actúan sin tino buscando un provecho propio en lugar de procurar la bienandanza general…; individuos apáticos, desorientados y sin convicciones firmes con respecto a los asuntos que se dirimen…; hombres y mujeres vacilantes y por tanto influenciables que siendo invariablemente mayoría vuelcan siempre los resultados obtenidos al escrutarse los pronunciamientos exigidos para cada convocatoria en aquellas direcciones a las que profesionales expertos en la materia y al servicio de quien les pague los inducen subrepticiamente utilizando burdas técnicas de manipulación psicológica…

Por tanto, si efectivamente queremos vivir en democracia ?lo cual permitiría soslayar y resolver todos los problemas de convivencia que nos afligen y encaminar los asuntos de interés colectivo de la manera más constructiva y provechosa para todos contemplando escrupulosamente nuestros gustos, deseos y aspiraciones individuales…? debemos apelar de inmediato a un instrumento de consulta interpersonal que nos habilite a expresar en forma libre, ponderada y con las máximas garantías de precisión y reserva nuestras respectivas posiciones acerca de aquello que nos atañe, para que una vez procesada esa información adecuadamente sea posible conocer nuestra voluntad conjunta de modo exacto, fidedigno y en tiempo real, a fin de que podamos orientar todos apropiadamente y sin coerciones de ningún tipo nuestra conducta personal en cualquier momento…

Esa es la única opción a nuestro alcance…; y urge implementarla…;… en cualquier otro caso los que no estemos al servicio del círculo de malandrines autócratas que hoy detentan el poder legal nos veremos condenados fatalmente al peor destino imaginable…

 

Sergio Hebert Canero Dávila

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